Balón y guerra: los futbolistas de Loos

Hace 102 años el mundo se daba cuenta que se había embarcado en una aventura de resultados cuestionables. Para 1915 la guerra se estancó en las trincheras que corrían a lo largo del frente europeo. Miles de soldados morían en las largas corridas atravesando la Tierra de Nadie, y todo por unos cuantos metros que se perdían al día siguiente. Sin embargo, dentro de una de estas corridas fatídicas, hay una historia que destaca: Los futbolistas de Loos.

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Era el 25 de Septiembre de 1915 en Loos, Francia. El primer batallón de los London Irish Rifles preparaba una carga contra la trinchera alemana, a unos metros de distancia. Ralph Thomas Summerland, un irlandés de 20 años agarraba su rifle, su máscara de gas y su bayoneta, listo para entrar en combate. Hay tensión entre los soldados, pero su compañero Frank Edwards tiene una sorpresa preparada. Irónicamente, en esos días un silbato indicaba la orden de atacar. Cuando este sonó, los hombres salieron al campo a jugar un partido de vida o muerte; pero Ralph, por alguna razón, se encontró con una pelota en los pies. Sin pensarlo dos veces, Ralph fue pasando la bola a sus compañeros de batallón, esquivando las balas con dirección a las líneas enemigas.

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La Tierra de Nadie era una larga extensión empastada, igual que una cancha de futbol. Animados por lo que parecía un terreno de juego, los irlandeses gambeteaban los cráteres de las bombas, las balas y los alambres de púas, llevando la pelota en conducción a toda velocidad. Según se cuenta, cuando metieron la pelota en la trinchera alemana, el grito de gol se propagó por todo el batallón. Un mes después, Ralph se convertiría en una cruz y su recuerdo sepultado en algún campo de batalla. La batalla de Loos probaría ser un desperdicio, así como la mayor parte de los combates posteriores. Sin embargo, la anécdota perdura, tanto así que el batallón que se convirtió por unos minutos en un equipo de futbol se conoce como Los Futbolistas de Loos.

El balón con el que se realizó la hazaña se encuentra en el museo militar de Camberwell, al sureste de Londres. Historias como esta, La Tregua de Navidad y otras de la misma índole nos enseñan que la inocencia de algo tan sencillo como una pelota puede sobrevivir aún durante la más grande desolación y el sentimiento de tragedia.

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Por Bernardo OV / @bernaov

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