Unión de Curtidores, la deuda del futbol mexicano

No vale nada la vida, la vida no vale nada. Comienza siempre llorando y así llorando se acaba son los cuatro primeros versos de la canción Caminos de Guanajuato de José Alfredo Jiménez, un guanajuatense que, en comparativa bien podría equipararse con el duro camino que ha tenido que construir otro símbolo de su estado: el equipo Unión de Curtidores.

Desde su fundación el 15 de agosto de 1928 y hasta el día de hoy, uno de los primeros equipos de futbol en Guanajuato ha tenido que sortear con un sinfín de obstáculos para dar seguimiento al sueño de establecerse, de una vez por todas, en el máximo circuito del futbol mexicano.

El club deportivo surgido en Barrio Arriba, León, comenzó a despegar desde las ligas regionales y en poco tiempo ganó respeto y renombre a nivel nacional, tanto por su nivel de juego como por la calidad de jugadores que produjo. El poderío de La Unión tuvo un impacto tan fuerte que equipos de la época como Asturias, Necaxa, Atlante, Guadalajara, Nacional y Oro pactaron juegos para medirse con el equipo sensación. Los logros continuaron sumándose y para 1938, en una visita realizada por la Selección Vasca, Unión de Curtidores recibió en el Estadio Patria al equipo internacional que se llevó los dos encuentros, pero reconoció la dificultad del equipo leonés liderado por Antonio Morales Amezquita, El Capi.

Un equipo que ha vivido momentos gratos, tristezas, decepciones, triunfos y fracasos de la misma forma en la que ha deambulado entre el futbol profesional y su contraparte amateur.

Para 1943 la Liga Mayor del Distrito Federal abrió las puertas a otros equipos de la República y se convirtió en el primer torneo de carácter nacional con aspiraciones a incluir a los mejores representativos del país, hecho que no pasó desapercibido para Unión de Curtidores, quienes para 1944 fueron admitidos para codearse con los equipos del futbol profesional mexicano. Su debut llegó en el Torneo de Copa al compartir grupo con Atlas y Guadalajara. Los resultados no fueron favorables pero con el fortalecimiento de la institución y la inclusión de más jugadores extranjeros en el proyecto, los años no pasaron en vano.

Curtidores

La integración de nuevos elementos no fue tan buena de inicio, ya que los nuevos integrantes intentaron eliminar todo rastro de los pioneros en el proceso del equipo al punto de renombre al equipo como Club León F.C., con lo que se esperaba generar un impacto mayor en la identidad de los coetáneos. A pesar de los cambios el equipo no desapareció, nuevamente se instauró en la categoría amateur en la que resurgió con más títulos regionales y locales hasta que en la temporada 1967-68 fue invitado a competir en la Segunda División.

La temporada 1977-78 el conjunto peleó por su permanencia en el máximo circuito e hizo descender a Atlas. Al año siguiente la historia se repitió contra los Gallos del Jalisco y nuevamente mantuvo la categoría, pero –como dice el argot popular– la tercera es la vencida, así que en la definición del descenso de la campaña 1980-81, Atlas cobró revancha y marchó a los guanajuatenses a la Segunda División.

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Sólo dos años tardaron en regresar a la máxima categoría al derrotar a Zamora de la mano de Alfredo Pistache Torres como estratega. El pronto regreso reanimó la esperanza de los aficionados por hacer un torneo destacado, sólo que 1983-84 la escuadra tuvo el peor desempeño de su historia al conseguir su primer gol hasta la jornada 6 y el primer triunfo en la 14, lo que significó una efímera estadía y la vuelta a la división de plata.

El crecimiento del club permitió que para 1984 se formara un equipo representativo en la Tercera División, los Búfalos de Curtidores, equipo que salió campeón y ganó el derecho al ascenso, un aspecto favorable tomando en cuenta que el año siguiente Uníón de Curtidores trasladó la franquicia a Chetumal. Sin embargo, el tránsito nuevamente tuvo altibajos y nunca se logró la consolidación esperada, al contrario, se perdió la categoría profesional y nuevamente se tuvo que militar en los campos amateur.

Fue hasta el año de 1997 que Unión de Curtidores puso su nombre nuevamente en la mirada del futbol de primer nivel al integrarse a la llamada Primera División A. Tres torneos fueron suficientes para que el equipo destacara y llegara a la final del Verano 1999, en la que derrotó a Cruz Azul Hidalgo, y ganara el derecho a jugar la final por el ascenso contra Venados de Yucatán. Todo estaba listo para otro regreso esperanzador, sin embargo, Valente Aguirre, Presidente y propietario del nombre, el escudo y los colores, también era propietario de León, algo que no estaba permitido.

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La venta de León fue impedida por los aficionados y al final Unión de Curtidores fue transferido a Puebla, el equipo que había perdido la categoría y mediante la compra evitó caer. Una vez más, el futbol amateur fue la casa de Curtidores, un equipo que ha vivido momentos gratos, tristezas, decepciones, triunfos y fracasos de la misma forma en la que ha deambulado entre el futbol profesional y su contraparte amateur en un proyecto que parece nunca morirá.

Tal vez pocos recuerden a Unión de Curtidores y son menos los que hablen de su paso por la Primera División, pero la base del equipo guanajuatense abrió paso para el Club León, uno de los protagonistas del torneo local que surgió a partir de La Unión y el deseo de generar mayor impacto regional e identificación con la gente del estado, y su sueño de contar con un cuadro representativo y de primer nivel.

Por: Obed Ruiz/@ObedRuizGuerra

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