A favor del VAR, contra Juan Villoro

El 23 de junio del 2017, el gran escritor de la cultura balompédica, Juan Villoro, al cual respeto y admiro de manera sincera, publicó una columna en el periódico Reforma titulada: “La felicidad interrumpida”, en la cual critica al VAR, el nuevo modelo que a partir de la tecnología y la revisión de las jugadas ayuda al árbitro a tomar una decisión más justa, logrando que el margen de error desaparezca poco a poco del deporte más seguido en el mundo.

Villoro, un causante involuntario de ver el mundo desde el futbol, un referente constante para Apuntes de Rabona, hoy se equivoca profundamente. El hijo del filósofo argumenta que el error es parte esencial de la vida y, por lo tanto, del juego. La fragilidad de la justicia según Villoro nos divierte y hace que el juego sea impredecible, hace que el futbol sea subjetivo frente a la objetividad tecnológica que vimos desplegada específicamente en la Copa Confederaciones.

Con la intención de aclarar las funciones del VAR, cito al mismo Villoro: El VAR puede emplearse en cuatro situaciones: un gol dudoso, un posible penalti, una tarjeta roja o la dificultad de distinguir qué jugador cometió una falta meritoria de tarjeta. Esto no elimina el factor humano del todo, pues el árbitro puede elegir revisar la jugada o dejarla morir en la polémica. Pero lo peor del VAR para Villoro es que detiene el juego, lo interrumpe para revisar la jugada, y eso mina las celebraciones de los goles. Desde esta perspectiva estaríamos burocratizando el juego, estaríamos haciendo del deporte más lindo del mundo una pantalla gigante.

Me parece que Juan deja de lado varias aristas del tema. La primera es la corrupción que, comprobado está, influye profundamente en los resultados. O nunca le robaron un partido en el último minuto con un penal dudoso, o ingenuamente nunca creyó que un árbitro podía estar comprado. Segundo, es inocente y falaz el querer negar las fuerzas productivas y tecnológicas que abrazan cada vez más a la vida, y con ello al futbol.

El error jamás es lo deseado por el aficionado, y creer que eso lo divierte es desconocer la profunda frustración que alguien siente cuando se vive engañado. No hay nada más humano que el querer descubrir la verdad, en el juego y en la vida. Por mucho romanticismo que exprese Villoro, lo profundamente humano es la voluntad de justicia. Si hacemos del juego un espacio donde no se exprese la voluntad del particular (árbitro) sino de la ley (VAR) entramos en el sólido reino de la objetividad y dejamos atrás el bello e ilusorio mundo de la subjetividad.

¿Qué acaso el tenis y el futbol americano no reflejan también la vida? Lo que hace diferente al futbol de los otros deportes no es el uso de la tecnología, no seamos simplistas. Se acabaron los goles fantasma y las manos divinas. Los periodistas tendrán que investigar y trabajar para no vivir de infames polémicas. Los aficionados nunca más serán engañados. Bendito sea, en el futbol por fin ganará el mejor en todo sentido de la palabra.

Por: Diego Andrade / @diego_a72

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