El caso Alanís, una más del futbol moderno

La Liga MX es capaz de brindarnos historias de éxito o verdaderas comedias dignas de una película, en la que la trama generalmente gira en torno a la relación entre dueños y futbolistas, tal como el caso Alanís, que reúne suficientes elementos para analizar. Como preámbulo de la historia hay que decir que Chivas salía de una temporada digna para el olvido, pues el cuadro rojiblanco se convertía en uno de los peores defensores de la corona de la Liga MX. La debacle del club fue atribuida al bajo rendimiento del equipo, incluso Almeyda y algunos jugadores señalaron que el equipo perdió el piso. Nuestro protagonista, Alanís, era seleccionado nacional y titular del Guadalajara, al menos cuando las lesiones se lo permitían.

Al finalizar el torneo, la directiva analizó la continuidad de varios de sus integrantes, y aquí inicia la historia, Oswaldo Alanís no entraba en planes para el torneo, al menos no por más de seis meses, tiempo suficiente para que el defensor jugara, o al menos asistiera a Rusia 2018, lo que podría ayudar para que Chivas tuviera la oportunidad de vender y recuperar la inversión que realizó en Alanís

 

Sin embargo, el mexicano buscaba un contrato mayor a seis meses, acto seguido la directiva se negó y comenzaron las noticias de uno y otro bando. En un principio se afirmó que era separado del club, después se aclaró que se mantendría entrenando, pero que no vería actividad con el equipo. Con esta acción, la directiva se cubría de alguna acusación pues no estaba violando el contrato con el futbolista, aunque lo dejaba fuera de ritmo en pleno año mundialista. De inmediato las críticas no se hicieron esperar por parte de la asociación de futbolistas, quienes señalaron a Chivas de actuar de mala fe con Alanís.

Chivas explicó que su postura surgió a raíz de la negativa del mexicano para aceptar, en primera instancia, su renovación y después rehusarse a fichar con Querétaro, Monterrey y Tigres, equipos que ofrecían los tres años y el salario que Alanís le pedía a su club para renovar, entonces, ¿por qué negarse?

La respuesta radica en la intención de Alanís de jugar en Europa, algo totalmente válido, pero que en el futbol moderno se vuelve complejo, pues Chivas no tiene pensado retener más de seis meses al jugador mexicano, además de no recibir alguna oferta concreta de Europa por este jugador.

Entonces la cuestión se divide en dos: Chivas que está pensando en su modelo de negocio, en el que no es rentable tener a un jugador que se lesiona constantemente como Alanís, y la del jugador, quien piensa en una proyección hacia Europa. Para mediar entre las intenciones de una y otra parte, la relación entre el defensor y el club se alargará durante este torneo, para así continuar con el plan de venderlo, de modo que Alanís se incorporó al primer equipo, después de jugar con la Sub 20 y mantenerse alejado las primeras jornadas de la Liga MX. 

¿Existe algún culpable? Acertadamente, Matías Almeyda ha respondido que todos son culpables, pues el futbol ha cambiado y hoy en día el negocio se equipara o supera al deporte. Los equipos son empresas y los jugadores son parte fundamental de ella, sin embargo, como se dice constantemente, nadie está por encima de la institución, es decir, la empresa. Mientras los jugadores acepten los jugosos contratos que les son ofrecidos, terminan por acceder a las condiciones del juego empresarial del balón.

Por José Macuil García

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