Historia del Mundial: Brasil 1950

Finalizada la Segunda Guerra Mundial en 1945, la FIFA decidió retomar el torneo de futbol más importante: la Copa del Mundo. Era momento de volver a soñar. Aunque Suiza parecía ser el candidato idóneo para albergar el torneo, no tenía los suficientes estadios. Fue un país latinoamericano el que levantó la mano para mostrar su poderío: el Brasil de Getúlio Vargas.

Solamente 13 fueron los participantes. 6 países europeos y 7 americanos. En un formato de todos contra todos que nunca se ha vuelto a ver, arrancaba el 24 de junio el partido inaugural entre Brasil y quien más: México. El Mundial de 1950 fue un acontecimiento que cambió para siempre la historia del futbol, pero ¿qué pasaba con el mundo en ese momento?

Una Europa devastada por las dos guerras mundiales buscaba resurgir de las cenizas. El ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schuman, presentó su propuesta por una Europa unificada con la intención de mantener relaciones pacíficas y formar alianzas económicas. Así nació la semilla de la hoy tan aclamada Unión Europea.

Evidentemente Europa solamente pudo mandar 6 equipos al Mundial de Futbol. La España franquista liderada por el gran delantero Telmo Zarra, Inglaterra al mando de Stanley Matthews, Suecia, Suiza, Yugoslavia e Italia. Los italianos viajaron en barco debido a que en 1949 habían perdido a 10 de 11 jugadores titulares cuando el equipo Torino perdió la vida en el accidente aéreo mejor conocido como la Tragedia de Superga.

Ni Alemania ni Japón pudieron participar por su papel en la Segunda Guerra. Ni qué decir de la Unión Soviética, que se encontraba en plena guerra fría contra Estados Unidos y consideró irrelevante jugar futbol.

El país de las barras y las estrellas por su lado asistió al Mundial con un equipo semiprofesional. Aunque involucrados en la recién nacida guerra de Corea y preocupados por la instauración de la República Popular China de Mao Zedong, hicieron un gran papel venciendo a Inglaterra.

Y sí, aunque el mundo vivía la disyuntiva entre el capitalismo y el socialismo, el balón rodó sin importarle más que las propias pasiones de la cancha. El local Brasil llegaba al último partido frente a Uruguay con la simple necesidad de alcanzar un empate para alzar el trofeo Jules Rimet, copa cuyo nombre hacía honor al presidente de la FIFA y a sus 25 años como cabeza de la institución.

Brasil pecó de creerse campeón antes de haberlo demostrado en la cancha. Con un sorpresivo gol del uruguayo Ghiggia al mítico portero Moacir Barbosa, los charrúas silenciaron a todo un país. Uruguay lograba lo impensable y se colocaba junto a Italia, como el máximo ganador de la Copa del Mundo con dos estrellas en el pecho. El Maracanazo había nacido y con ello una leyenda que escuchaba la derrota por el radio junto a su padre. Una figura que prometía que le devolvería la gloria a su nación; era nada más y nada menos que Pelé.

Redacción ADR

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