La globalización del futbol: ¿es México el futuro del consumo?

La globalización se ha convertido en uno de los jugadores más importantes del futbol, y a pesar de que en algunas ocasiones buscamos ver el lado amable de este concepto –véase el siguiente artículo— no dejamos de tener en mente la frase odio eterno al futbol moderno.

En esta ocasión el tema central no son los traspasos ni lo poco que importa el amor a la camiseta. El tema ahora son las implicaciones de la geopolítica y el mercado global. Comencemos con el repaso de la nueva configuración del futbol para entender el asunto.

Recientemente el gobierno mexicano y el estadounidense han firmado un acuerdo comercial, a reserva de contemplar el ingreso de Canadá o negociar convenios por separado, las relaciones comerciales en el norte de América permanecerán. ¿Y el futbol qué tiene que ver? Pues al parecer mucho, al menos desde la óptica de Trump, pues él le adjudico a Estados Unidos el Mundial de 2026. Lamentamos decirle señor Trump, que aunque la distribución de partidos favorezca a Estados Unidos, dicho mundial es en conjunto con México y Canadá. La firma del “nuevo TLCAN” y la adjudicación tienen que ver con la próxima presentación del plan migratorio y las elecciones de medio término en noviembre, donde la política migratoria jugará un rol importante.

Por otra parte, el futbol tiene gran injerencia en el juego de la globalización como objeto de compra y venta, pues el Mundial de 2026 forma parte de la intención de llevar el balompié a territorios donde los partidos y derechos de transmisión son un negocio que de a poco se consolida; o bien para exponer al los ojos del mundo –o mejor dicho las carteras— el crecimiento de un país, ahí tenemos el caso de Rusia 2018.

Otro ejemplo que vincula a la maquinaria comercial americana, es el ICC. No olvidemos que su origen fue justamente en Estados Unidos. La competencia que convirtió la pretemporada de los equipos europeos en un torneo global, brinda la oportunidad a aficionados de Estados Unidos, Francia inclusive Singapur para ver a las estrellas del futbol europeo.

El modelo del ICC fue un preámbulo para que hoy en día veamos partidos oficiales de ligas como la española y la francesa fuera de su lugar de origen. Nos referimos a casos específicos de la Supercopa de España que se jugó en Marruecos, y la Supercopa de Francia en China. Sin embargo, en septiembre de 2018, presenciaremos parte de la materialización del sueño definitivo de la globalización, las ligas de naciones.

Pues tanto la UEFA y CONCACAF tendrán torneos oficiales, es decir avalados por FIFA, que contarán con una duración de un año, y en donde la globalización del futbol se disfraza con la democratización del balón. En realidad estos torneos abren al puerta al libre mercado de la transmisión de los partidos, pues muchos de ellos se negociarán en tierras asiáticas y americanas, continentes donde el consumo de eventos deportivos es sinónimo de éxito.

Como podemos ver, la globalización del futbol se ha afianzado de una manera impresionante. ¿Qué faltaba? Al parecer trasladar tu liga favorita a tu país, para entender esto tendremos que regresar al lugar de donde comenzó este texto: Estados Unidos. Al puro estilo de la NFL y la NBA –pues estas ligas cuentan con partidos en México e Inglaterra en el caso de la NFL—, la propuesta es sacar de España la Liga, para trasladar partidos de equipos relevantes a Estados Unidos y posiblemente México.

La noticia seguramente fue tomada con agrado por los aficionados americanos, pero nos hemos olvidado de los más importante: los jugadores. En tierras ibéricas el sindicato de jugadores no está conforme con la idea, y amenazan con una huelga. ¿A caso es egoísmo de los jugadores? Por supuesto que no, se llama sentido común, trasladar a un equipo conlleva un desgaste físico, que en el caso de una liga que dura un año, más los torneos internacionales y los partidos con selección, es un factor de suma importancia. Si otras competencias lo logran es por la duración de sus ligas, cabe aclarar.

Después de este recorrido, ¿qué podemos concluir? En primer lugar que el futbol dejó –o al menos parcialmente— de ser una actividad meramente deportiva, ahora el balón es un asunto de Estado, forma parte de los avances de la diplomática comercial del mundo, caso del “nuevo TLCAN”. A su vez, es un producto comercial que es capaz de generar empatía en cualquier parte del mundo, lo que en el léxico de la globalización se traduce en una venta segura. Por último, el actuar de los jugadores en España ante la posibilidad de partidos fuera de su país, nos demuestra que el jugador más que un trabajador es un objeto comerciable. ¿Será que en realidad todo tiene precio?

Por: José Macuil García

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