¿Seguimos cuestionando la grandeza del Estadio Azteca?

Muchos acusan al Cruz Azul del deterioro de la cancha, pues debido a su regreso al Coloso de Santa Úrsula, los partidos se duplicaron. Otros tachan de culpables a los organizadores de conciertos como el de Shakira o Telehit.

El Estadios Azteca ha estado en boca de todos este semestre. Primero con el regreso de la Máquina Celeste, después con la mala imagen del césped, y en días recientes, con el deceso de Don Melquiades Sánchez, personaje que le dio voz al recinto por muchos años. La realidad es que los altos mandos del estadio no supieron manejar la cantidad de eventos que reciben y colocaron un césped híbrido que nunca funcionó. Su instalación fue un par de días antes del debut del equipo cementero en la liga, por lo que aquí empieza la negligencia de los dirigentes.

Por otro lado, me atrevo a validar la teoría que afirma que la NFL no quería que el mejor partido de la temporada regular, que incluso podría ser la antesala del Superbowl, se jugara en tierras aztecas y para justificarse, argumentaron el mal estado de la cancha. El pasto sagrado no está ni para recibir una cascarita, seamos sinceros. Sin embargo, profundicemos en lo que representa este icónico recinto.

¿Por qué destruir el graderío del Estadio Azteca? ¿Están conscientes de lo que representa a nivel mundial para el futbol un escenario de tal envergadura? Claro que el futbol es un negocio, y un estadio con una capacidad de más de 80.000 personas es muy atractivo para recibir todo tipo de eventos, públicos o privados, incluso ceremonias religiosas, carreras y hasta meetings políticos. Artistas como Michael Jackson, Elton John y Luis Miguel, o bandas como U2, Arctic Monkeys o The Black Eyed Peas, se han presentado en este coloso. Tampoco podemos olvidar la misa multitudinaria de Juan Pablo II o la ceremonia fúnebre de Roberto Gómez Bolaños, Chespirito.

Retrocedamos en la historia. Su construcción inició en 1962 para ser la sede y la cara de la Copa del Mundo de México en 1970. Se inauguró en 1966 en un partido entre América y Torino, el resto es historia. La temible selección brasileña de Pelé se consagró campeona del mundo en 1970 en este recinto. Maradona hizo lo propio con los argentinos en el mundial de 1986, Copa del Mundo que vio el mejor gol de la historia.

¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta… Goooooool. Gooooool. ¡Quiero llorar! ¡Dios santo, viva el fútbol! ¡Golaaaaaaazooooooo! ¡Diegooooooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme. Maradona, en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos. Barrilete cósmico. ¿De qué planeta viniste?, para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina.

El Azteca también acogió el Partido del Siglo, una semifinal entre Alemania e Italia, que ganaron los italianos gracias a un gol de Gianni Rivera. Ha sido sede de diversas copas del mundo de divisiones menores, la Copa Confederaciones, y encuentros de los Juegos Olímpicos de 1970. Ha sido casa del América, Cruz Azul, Atlante, Necaxa y Atlético Español y de nuestra amada Selección Mexicana. Entonces, ¿por qué seguimos cuestionando la grandeza del Estadio Azteca?

Podríamos criticar que le hace falta una remodelación a la fachada o la estructura, pero la magia de los estadios está en poder observar las huellas de la batalla y en el desgaste de eso que los románticos llamamos nostalgia. El Estadio Azteca es majestuoso y monumental, es cierto que las zonas nuevas de palcos han dañado su imagen, pero está para competirle a los mejores del mundo. Pocos estadios pueden llamarse catedrales del futbol, como Wembley o Maracaná, y el Coloso de Santa Úrsula es uno de ellos. Pocos estadios han recibido dos copas del mundo (Alemania en 1974 y 2006 y Brasil en 1950 y 2014), y está en camino de ser por tercera vez, sede del mundial cuando éste llegue en 2026. El recinto ubicado en Calzada de Tlalpan 3665 es único, y todos debemos preservar su existencia y esencia.

Por: Gustavo Vega (@gvegap)

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