El gol de Andrés Iniesta o la realidad de lo imposible

Una jugada muchas veces consiste en una serie de posibilidades, las cuales nacen a partir de una elección dada en la multiplicidad, tal y como aquel gol de Andrés Iniesta en la final de la Copa Mundial de Sudáfrica 2010. Algunos dirán que estoy loco, pero lo que sucedió ese día en la cancha, fue muy parecido a lo que ocurre con el Triángulo de Penrose.

Y es que nadie se hubiera imaginado en lo que iba a terminar la carrera de Navas, pero bajo la realidad de nuestro espacio euclidiano, tuvimos que confiar en la teoría y fue ahí entonces, que comenzamos a creer, lo imposible perdió su legitimidad. La lógica del gol, pasó entonces a ser una topología de dimensiones bajas. Y como en el Triángulo de Penrose, aquí se desprendieron una serie de dimensiones, todas posibles. Un gol entre muchos, que sin embargo se quedaría anclado en nuestra memoria, tal y como lo haría una obra de arte.

En otras palabras, parece que volvemos otra vez a ese partido, solamente para anticiparnos a la derrota. Allí, donde la velocidad de Navas va contra el tiempo y termina por llevarlo arriba de medio campo. El sentido de las revoluciones cobra fuerza. Todo se activa y por la derecha aparece el mítico 6 de la selección española. Lo importante aquí no es lo que sucede con la conducción de balón, lo importante es ver los movimientos que acontecen alrededor. La parte alta de la cancha cobra vida. Atrás de Navas, una tropa de Holanda. Arriba la frontera de la imaginación, el recuerdo de una leyenda.



Historia, donde una vez que el 22 suelta el balón, Iniesta pasa de taquito a Fàbregas, pero la maquinaria sigue en movimiento, las revoluciones suceden una tras otra. Y Navas vuelve a aparecer, dibujado dentro de esta entropía fundamental. Es así, que la pelota vuelve a él solamente para llegar con Fernando Torres, quien ya ha visto el movimiento del 6 con un desmarque a espaldas del lateral holandés. No lo piensa dos veces y tira un pase pero lo rechaza la defensiva holandesa, sin embargo el esférico queda en manos de Cesc que filtra a Iniesta. Lo demás es historia. Las dimensiones se multiplican, el espacio se curva y el tiempo se vuelve relativo.  

Con el Mundial de Rusia 2018 a la vuelta de la esquina, hay que ver que la manera en que concebimos o segmentamos la realidad durante un partido de futbol está dada como una elección entre posibles, sin embargo, la certeza no juega un papel relevante aquí, porque la incertidumbre siempre está llena de nuevas dimensiones, lugares donde posiblemente habite el sueño de un gol. No hay nada dicho a fin de cuentas. Una carrera puede terminar en una jugada y una historia en leyenda. La estrategia es un campo de elección, donde la pluralidad de lo múltiple, suele concretar la realidad de lo imposible.

Por eso para terminar, habría que empezar diciendo: era el 11 de julio del 2010. Holanda y España llegaban a la final de la Copa del Mundo de Sudáfrica, con hambre de triunfo. El Estadio Soccer City temblaba, junto con todo Johannesburgo y el universo cabía en un grano de arena.

Por: Andrés Piña/@AndresLP2

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