El día que la Plaza Roja se convirtió en estadio

Muchas dudas surgieron cuando Rusia fue seleccionado como el país anfitrión del Mundial 2018. Desde cómo se tomó la decisión hasta la supuesta falta de identificación del balompié con la comunidad del norte de Europa. Sin embargo, la tradición e importancia de la pelota tienen tanta relevancia que un día de hace algunas décadas la Plaza Roja se convirtió provisionalmente en un campo de futbol.

La verdadera razón por la que habían confluido los moscovitas fue para presenciar un partido de futbol.

El 6 de julio de 1936 Moscú se vistió de gala en la concentración de la Plaza Roja ante los ojos de cientos de asistentes entre los que destacaron los altos mandos de la Unión Soviética. Stalin mismo fue testigo del desfile y el festejo que se realizó a unos cuantos metros del Mausoleo de Lenin, pero las carrozas festivas y los deportistas no se llevaron el día. La verdadera razón por la que habían confluido los moscovitas fue para presenciar un partido de futbol.

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El piso de la Plaza Roja no ofrecía las condiciones para que el Spartak llevara a cabo el duelo entre el equipo titular y los suplentes, por lo que se mandó a hacer una inmensa alfombra de fieltro que prácticamente cubrió las dimensiones de un campo de futbol profesional. La ardua labor de desarrollar uno de los primeros campos artificiales recayó en los mismos miembros del Spartak de Moscú, quienes pasaron días y noches enteros cosiendo el encarpetado que se extendió desde el Museo de Historia hasta la Catedral de San Basilio.

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Al fin llegó el día del encuentro. Sólo unas horas antes se instaló el tapete de dimensiones descomunales que no lograba una contención suficiente para evitar que los jugadores se lesionaran. Los inconvenientes no tenían cabida en el festejo. Fueron tales el entusiasmo y la respuesta del público, que aún cuando el partido estaba pactado a 30 minutos, se extendió hasta los 43 e incluso dio un ganador cuando originalmente se había pactado que el resultado final sería empate. El cuadro titular del Spartak –que vistió de rojo– derrotó 4-3 a los suplentes –blanco– en un evento que además de satisfacer la mirada de los aficionados que se reunieron en las gradas improvisadas, fue una prueba del poderío que se extendía a los deportes y que terminó decantando en el campeonato de la Copa de Naciones de Europa, misma que engalana las vitrinas del antiguo territorio soviético.

Hoy en día Rusia no es una potencia en el futbol, pero la pelota tampoco es ajena a pesar de las bajas temperaturas, pues incluso ha rodado en la Plaza Roja, un punto de encuentro que, para el Mundial de 2018, volvió a sentir el balón girando sobre sus baldosas.

Por: Obed Ruiz/@ObedRuizGuerra

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