Panchito Hernández, arquitecto americanista

La clave del éxito para cualquier equipo consiste en el armado táctico y técnico. Para ello, más allá de una cartera repleta de dinero —aspecto que hoy en día es prioridad— se necesita de ojo, es decir, sensibilidad para detectar talento y, sobre todo, saber encausarlo. Esa fue la mayor virtud de Panchito Hernández, directivo que es recordado con agrado por los futbolistas que fichó o reclutó, y al cual la afición lo entronó como uno de sus máximos ídolos. A él se le atribuye gran parte de los logros americanistas y su aporte a la consolidación de la identidad azulcrema.

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Francisco Hernández Pineda, el arquitecto americanista, llegó al nido tras una discreta carrera como estratega en Pumas y Zacatepec. La negociación para ligarse al cuadro de Coapa con el entonces presidente Cañedo -quien lo quería como técnico-, fue exitosa. Panchito Hernández fue contratado como encargado de los fichajes y de la captación del talento canterano. Sin lugar a dudas, ésta fue la mejor decisión del directivo.

Panchito, como era conocido, fue el encargado de que arribaran a Coapa nombres como: Cecilio de los Santos, el Ruso Brailovsky y Miguel Zelada. Tal vez, el más importante fue Carlos Reinoso, mismo que hasta la fecha le agradece por haberlo llevado al club de sus amores, el América. Todos estos nombres se convertirían a la postre en ídolos azulcremas.

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En la cantera, Hernández descubrió a jugadores como: Juan Antonio Luna, Alfredo Tena y al mismísimo Cuauhtémoc Blanco, quien no necesita mayor presentación. Ahora bien, el secreto de Panchito estaba en no dejarse llevar por los rumores en cuanto a los jugadores. Se cuenta que en distintas ocasiones, algunos de los jugadores que le recomendaban no tenían la calidad para vestir la casaca de Copa.

Por esa razón Panchito analizaba minuciosamente a cada jugador. Los seguía durante todo un año y procuraba verlos al menos cuatro partidos; dos como local y dos como visitante. El objetivo era observar el comportamiento de los jugadores en el campo bajo presión, y qué decisiones tomaban en momentos críticos y favorables. Al final del día, no se contrata a un jugador por el nombre, sino por lo que puede hacer en el campo.

Pasaba meses en Sudámerica viendo jugadores. Casi 27 años viajando, dejando sola a mi familia los fines de semana. Encontré en el Botafogo a Antonio Carlos Santos, a Héctor Miguel Zelada, Norberto Outes y Lalo Bacas en Argentina, lo mismo a Daniel Ruso Brailovsky.

Algo fundamental dentro del proceso de selección era conocer el entorno personal de los deportistas: su familia, situación sentimental y el entorno en el que se desenvolvía. Panchito no fichaba activos de una empresa, fichaba humanos. La fórmula que el arquitecto americanista mantuvo al momento de contratar fue una de las más exitosas en la historia del club. Por desgracia, tras su muerte, todo indica que ésta se ha perdido en el futbol mexicano.

Por José Macuil García

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