Panteras, la materialización de la esperanza

Abel Mora lleva un año jugando en Panteras. Supo que su sueño de volver a las canchas se haría realidad cuando vio un reportaje por televisión de un equipo en Sinaloa. Me comenta asombrado: No concibes que exista algo así.

Desde niño le gusta el futbol. Obvio, quería ser futbolista profesional. Cuando el Mundial de 1986 transcurría, Abel cursaba tercero de primaria. Abel recuerda, entre la memoria y la imaginación, al entonces jugador de la Selección Nacional, Fernando Quirarte, mientras éste declaraba que había cursado hasta tercero de primaria.

Abel lo sabía: ya tenía la misma preparación que un defensa de élite. Ya podía ser seleccionado nacional. Su sueño era alimentado en una escuela filial del Cruz Azul que exigía buenas calificaciones en la escuela para alinear. La exigencia y el sentido de responsabilidad lo formaron desde muy pequeño.

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Fue muy joven cuando ocurrió lo más duro. Perdí mi pierna a los 15 años. Cáncer, osteosarcoma de fémur que le da a los niños menores a 15 años. A mi me dio desde los 13, y a partir de ahí me lo trataron. A los 15 ya no pudieron salvar la pierna.

Su amputación tiene ya más de 20 años, pero declara con contundencia: No soy una pierna, soy más que eso. El pensamiento que domina su mente desde la adolescencia es el siguiente: Si no puedo vivir de las piernas puedo vivir de la cabeza. Como prueba, tiene una maestría en finanzas en el Politécnico. Lo cuenta con orgullo.

Cuando conozco Panteras, es volver a empezar. -Abel Mora.

Después de muchos años sin jugar futbol, Abel fue invitado a unirse a la familia Panteras. Accedió con gusto. Es la emoción de volver a comprarse unos zapatos de futbol, de volver a pertenecer a un equipo, de volver a tocar la pelota, de volver a correr y competir, lo que le hace decir con una sonrisa enorme: A lo mejor descifrar o definir la felicidad es difícil, pero mientras yo estoy en una cancha y estoy pateando un balón… créeme que el concepto de felicidad que conozco ahí lo siento. En ese momento.

La constante es re-aprender lo olvidado. Es el cuerpo mismo que en otro tiempo fue lastimado el que se reconoce a través del juego, y en ese reconocimiento como alguien diferente a los demás abre la posibilidad de autoconocimiento; permite construir una identidad renovada. Terapia mediada por el correr de la pelota y por el esfuerzo.

Panteras y el futbol de amputados en general demuestran una sencilla cosa: la adaptabilidad es la máxima expresión de la inteligencia humana. Abel lo dice, el mayor reto es que toda su vida ha sido zurdo, y ahora está aprendiendo a patear con la derecha.

Andrés Beltrán, atropellado por un automovilista que manejaba en estado de ebriedad hace 7 años, lo confirma. Panteras lo atrajo porque eran personas como yo. Panteras es aprender diferente a chutar, a correr… me gusta echar la cascarita con ellos. El límite uno lo pone.

Las barreras son estructuras conceptuales que no conocen el cuerpo. O como diría el filósofo Spinoza: Nadie sabe lo que puede un cuerpo. Resistencia expresada en una cancha de futbol. Salgamos a jugar y expresemos nuestra alegría y rebeldía contra las formas convencionales.

Es rebeldía política. Frente a los muchos que vienen, en palabras de Andrés Beltrán, a vender lástima para obtener recursos, a reproducir el modelo asistencialista y lastimero, Panteras se afirma como un espacio donde la victoria nunca es regalada, donde la conquista de los objetivos siempre se suda. Abel es certero: Más que ser discapacitados físicos, somos discapacitados emocionales y mentales, porque al hacerte falta un miembro, la sociedad y tu familia te hacen creer que te tienen que ayudar. Panteras es la posibilidad de, a través del futbol, afirmar la independencia, la seguridad en uno mismo, en pocas palabras, afirmar la libertad.

Panteras es un equipo de la Ciudad de México y compite en la liga de futbol de amputados del país. Es modalidad futbol 7, no hay fuera de lugar y al portero debe faltarle una parte del brazo o el brazo completo. Entrenan en la Clínica 23 en Eduardo Molina y tienen el respaldo del que es fundador, presidente, entrenador, aguador y papá de estos canijos, Germán Porfirio González.

Germán intuye el problema nacional. La cultura [sobre la discapacidad] en México está cañona, no la hay, no hay empleos. Acá en Panteras hay ingenieros, arquitectos, abogados… Desde que buscó apoyar a su primo que perdió el pie en un accidente eléctrico, la motivación de Germán son los propios jugadores. Le pregunto porqué lo hace y me responde: Por los nuevos… los que quieren volver a jugar, volver a correr, volver a meter un gol.

Panteras tiene más de 3 años, y ha sido un camino duro. No voltean a vernos, no hay mucho apoyo para esto. Ellos siguen con o sin apoyo pues al final, no lo hacen por eso. Se trata de volver, volver a los espacios donde uno amó la vida, a una cancha, a un equipo, a un juego. Panteras nos enseña que la esperanza no es esa abstracción vacía que permanece cuando ya no queda nada sino todo lo contrario: es la realidad de una voluntad que jamás se da por vencida.

Por Diego Andrade/@diego_a72

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