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2017 o el retorno de George Weah

El Balón de Oro, galardón que se otorga al considerado mejor futbolista del planeta año con año, no siempre fue tan democrático. Maradona y Pelé se retiraron sin poder aspirar a ganarlo, pues en sus respectivas épocas el premio era exclusivamente para futbolistas europeos. En 1995 se redefinieron los criterios, y jugadores de cualquier nacionalidad podían aspirar a ganarlo; de hecho, esta modificación dio como resultado al primer y único Balón de Oro africano de la historia, George Weah.

Delantero liberiano y miembro de la etnia kru, se destacaba por su potencia y remate contundente. En su mejor temporada registró 34 goles con el PSG francés, mientras que en el Milan, dentro de una liga mucho más defensiva y en el equipo donde es mayormente recordado, anotó 114 tantos en un lustro, además de comandar a su equipo a ganar dos scudettos. Su travesía por Europa se la debe a Arsène Wenger, entrenador que lo llegó a definir como

una sorpresa, como cuando un niño encuentra un chocolate. No vi nadie igual a él.

El extraordinario nivel deportivo que siempre le caracterizó fue directamente proporcional a su compromiso político. Creció en la pobreza extrema de Liberia, y fue educado bajo las costumbres y tradiciones de su etnia. El futbol profesional resultó, entonces, una verdadera sorpresa, y una válvula de escape. Llegar a Europa y al primer mundo fue como arribar a otro planeta para él, sin embargo, lejos de abandonar los lazos con su país de origen, aquella experiencia terminó por estrecharlos.

Explicar en una columna la situación política de Liberia resultaría exhaustivo y prácticamente imposible. Uno de los países africanos más castigados, su historia está llena de dictaduras, golpes de estado y guerras civiles. Curiosamente la carrera de Weah sirve para ilustrar estos periodos casi a la perfección. En 1989, al mismo tiempo que el futbolista se encontraba en el Mónaco de Wenger, estalló la Primera guerra civil liberiana, donde el dictador en turno, Samuel Doe, resultó asesinado y sustituido por otro régimen militar. En 1999, durante la Segunda guerra civil, proliferaron los asesinatos a activistas por la paz y los derechos humanos, por otro lado, en ese momento Weah partía de Italia, liga en la que se consagró y donde sería recordado por siempre.

La guerra terminó en 2003, cuando George Weah era un veterano que lentamente se acercaba al retiro. Como activista, desde 1994 fue nombrado por la UNICEF como Embajador de Buena Voluntad por la paz y los derechos de la infancia. Participó en campañas de prevención contra el SIDA y trabajó arduamente para que la educación básica llegara a más lugares en Liberia. Su convicción y compromiso social siempre han recordado a su insaciable potencia dentro del terreno de juego. De fuertes valores morales y éticos, quizás, al igual que a toda la sociedad civil, la guerra marcó la vida de Weah y eso lo impulsó a tomar una carrera política sumamente activa después de retirarse del balompié.

El gobierno de transición de 2003, que había expulsado al dictador anterior -Charles Taylor-, heredó la tensa tarea de devolver la democracia al país, y se esperaba que George Weah fuera elegido presidente. Sin embargo quedó en segundo lugar de las votaciones; la oposición alegaba su falta de preparación para dirigir un país tan complejo, y a pesar de las acusaciones de fraude electoral, Weah terminó por reconocer la victoria de su adversaria Ellen Johnson-Sirleaf, graduada de Harvard. El ex futbolista priorizó el proceso de paz y democratización que su país iniciaba.

Liberia aún es un país con enormes retos, como llevar electricidad y agua a todas sus aldeas. No obstante, el mensaje del futbol y del deporte como plataforma de paz y cohesión se ha esparcido. El año pasado, George Weah anunció que volvería a participar en la contienda presidencial por su país en 2017, liderando el partido CDC, Congreso del Cambio Democrático.

Ellen Johnson dejará el cargo después de los reglamentarios dos períodos constitucionales, en los que se hizo acreedora de un Nobel de la Paz; por su parte, Weah posee el único Balón de Oro otorgado a un africano, tal vez la más genial de las coincidencias. Su activismo nunca ha bajado de intensidad, como solía ser su estilo dentro de la cancha, y en esta ocasión se presenta a la candidatura con una licenciatura en Administración Financiera. Quizás en estas elecciones, que se celebrarán en octubre, George Weah recurra a su letal contundencia para definir por fin este objetivo inconcluso en su vida, para el cual, nos ha demostrado, nunca ha dejado de entrenar.

George Weah. Fotografía de Morgana Wingard.

Por Héctor Ordóñez