Adiós al gigante de Nochebuena

Por: Andrés Piña/@AndresLP2

Allí enfrente de todos, al momento del penal habría que decir: era un gigante. Y no me refiero a ningún jugador, me refiero al Estadio Olímpico de la Ciudad de los Deportes que alberga desde 1996 al equipo del Cruz Azul.

Su figura imponente, alienta y resguarda desde su establecimiento arquitectónico en la Colonia Nochebuena (1946), la impresión de la nostalgia que ocupó un plan urbano pensado para albergar el espíritu deportivo. Estadio que a partir de la ebullición de la Avenida Insurgentes en los cincuentas ocupó junto a la Plaza de Toros y al Parque Hundido, una parte fundamental dentro del imaginario citadino.

Cancha del Estadio Azul

Al parecer su demolición está fijada para el 2018, lo que provocaría que la máquina jugara en el Azteca. Sin duda ni un posible ingenio comercial ni tampoco las declaraciones sobre la próxima casa del Cruz Azul, podrán arrebatárnos el recuerdo de la ladrillera que bautizó a la colonia antes de desaparecer en 1893. Allí, en ese estadio cuyos alrededores se encontraban llenos de quintas (casas de campo) en tiempos de Porfirio Díaz. Centro religioso donde se jugó la última final del 7 de diciembre de 1997 en la que los cementeros fueron campeones. Allí enfrente de todos, al momento del penal habría que decir: era un coloso.

Y no me refiero a ningún jugador, me refier al Estadio Azul que mira con agradecimiento el gol de Hermosillo, gol que le daría a la afición una razón más para soñar.

Hasta siempre gigante.
3-Agosto-2016