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Adriano, emperador que abdicó a sus goles

A inicios de la década pasada, existía un centro delantero brasileño, además de Ronaldo Nazario, que aglomeraba multitudes y generaba expectativa. De nombre Adriano Leite, con una potencia descomunal y el gol como sinónimo, este ‘9’ estaba llamado, según los expertos, a ser el sucesor del Fenómeno, tanto a nivel internacional como con su máximo representativo. Nadie tenía dudas de su calidad, de que lo que se anunciaba como una premonición, se cumpliría.

Adriano se formó en el futbol italiano. Luego de brillar en sus inicios con el Flamengo, se marchó vendido al Inter de Milán, que a su vez le cedió a la Fiorentina, y después al Parma, con la intención de que se acoplara al siempre duro calcio. Para el inicio de la temporada 2003-04, le repescó y le cedió la responsabilidad de rubricar la mayoría de las anotaciones, de mostrar su poderío en un club inmenso.

Habían transcurrido casi tres años desde su arribo a Milán, 76 partidos de la Serie A, 37 goles y un Mundial jugado en Alemania, en la que dio muestra de su talento (4 encuentros y 2 tantos), cuando Adriano comenzó su declive. Un par de años antes, la muerte de su padre, Almir Leite, el que había forjado con disciplina sus años en el futbol, había comenzado a pasarle factura: las desapariciones del brasileño y los excesos en las concentraciones eran más frecuentes.

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Pese a que era un adulto y un elemento de suma valía en su equipo, la ausencia de su progenitor causó en él un vacío que los años encrudecieron, que la bebida y la parranda suplieron. Inlcuso, Javier Zanetti, capitán del Inter de Adriano, lo supo desde aquella llamada proveniente de Brasil con la fatídica noticia:

Tenía todo para ser el nuevo Ronaldo (Nazario), era un jugador increíble, con gran técnica y potencia. Yo estaba en la misma habitación con él, cuando le notificaron la pérdida de su padre; al principio le motivó para ser mejor, pero con el tiempo, esto vino a menos

El delantero cayó en depresión y sus goles, al igual que su participación con el Inter, fueron mínimos. La muerte de mi padre me dejó un vacío enorme, acabé sintiéndome muy solo. Fue lo peor. Me vi solo, triste y deprimido en Italia, y es cuando empecé a beber… Solo me sentía feliz bebiendo, todas las noches. Bebía todo lo que me ponían delante: vino, whisky, vodka, cerveza... mucha cerveza, comentó el propio ariete a Marca, hace unos años.

Adriano abdicó, dejó Italia, trató de recuperarse, pero nunca lo logró. A mediados del 2009, con el Flamengo, el equipo de sus orígenes, volvió a generar expectativa debido a un repunte goleador, pero todo quedó en eso, en estadísticas frías. Pasó más tarde por el Corinthians, se tomó un año sabático y en 2014, con el Atlético Paranaense y sin continuidad, decidió dejar los sueños que 10 años comenzaron a enturbiarse. Adriano ilusionó a miles, generó admiración, y como cualquier mortal, tomó decisiones equivocadas.

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Texto: Rubén Guerrero/@RubenGuerreroA