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Alejandro Rossi, teórico incomprendido del balompié

Menos de dos años atrás, Julio Scherer García y Alejandro Rossi habían sufrido la artera intromisión (1) gubernamental que los sacó del diario Excélsior, tras lo cual el primero fundó el semanario Proceso mientras que el segundo colaboraba en Vuelta, la revista mensual que para entonces, con Octavio Paz al frente, había probado ya su vocación de independencia (2) y era la digna continuadora de Plural, la publicación cultural del otrora periódico de la vida nacional, de la que el golpe echeverrista los había despojado y de cuyo consejo de redacción había participado Rossi.

Scherer y Rossi conversaban, con Enrique Krauze como testigo, en el restaurante Sanborns ubicado junto al cine Manacar, en el cruce de Río Mixcoac e Insurgentes donde hoy se construye una imponente torre, acerca de la posibilidad de volver a Excélsior, insinuados apenas los vientos aperturistas de la reforma política lopezportillista, ideada y dirigida por Jesús Reyes Heroles.

Julio Scherer García y Octavio Paz.

Según recuerda Krauze, las prioridades del filósofo Rossi en aquellos días pasaban menos por restaurar a Excélsior como espacio de libertad que por asegurarse un lugar en el máximo certamen internacional de futbol: “‘Supongo que me designarás enviado especial al Mundial de Argentina, como prometiste’, advirtió, sin bromear, ese teórico incomprendido del balompié mundial que fue Alejandro Rossi. Scherer le juró un palco de honor”. (3)

Como bien dice Krauze, a Rossi Scherer no le cumplió, por las mejores razones (4), vinculadas a la dignidad de su forma de ejercer el periodismo: ni hubo vuelta al edificio de Reforma 18 ni tampoco hubo palco mundialista para el autor de Lenguaje y significado.

Nacido en Florencia, Italia, Rossi conocía bien Argentina, el país donde se disputó aquel Mundial de 1978, pues vivió en Buenos Aires durante su niñez. Según declaró a Armando Ponce en entrevista para Proceso, en los años de su infancia le tocó ver a la poderosa delantera conformada por Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Lustau, conocida como la Máquina de River, equipo del que Rossi y su hermano eran más que solo aficionados: nos íbamos hacia Núñez, que era donde estaba el estadio de River y dejábamos las bicicletas en una bomba de gasolina muy pequeña, y le pagábamos al tipo una cantidad y él nos guardaba la bicicleta. Pero nosotros éramos socios del River, entonces teníamos nuestras plateas Ahí tuve oportunidad de ver muchos, muchos jugadores, porque me tocó un gran River. Eran los cuarenta. (5)

Aproximadamente un cuarto de siglo antes de recibir el Premio Universidad Nacional en 2000 y el grado de Doctor honoris causa por la unam en 2001, Rossi encontraba en su asistencia asidua al Estadio Olímpico Universitario un escape de los rigores académicos y de las exigencias burocráticas: en una época, porque yo tenía una chamba determinada en la universidad, después de unas juntas interminables nos íbamos a ver a los Pumas. Esto ha de haber sido en la segunda mitad de los setenta. (6)

Manual del distraído. Un libro fundamental para entender el pensamiento de Alejandro Rossi.

Imagino a Rossi, extenuado por las sesiones de algún seminario, relajándose en las tribunas del estio de CU junto a su amigo y colega Luis Villorocon él es con quien más he ido al futbol en México (7), dijo en la entrevista— mientras platicaban del partido que presenciaban, pues el arte mayor de Rossi fue la conversación en temas variadísimos (8), lo que según un gran futbolero como Juan Villoro le dio fama de gran charlista.(9)

Veo a Luis Villoro y a Rossi elogiando desde el graderío los desbordes de Juan José La Cobra Muñante, las atajadas de Jorge Espinoza, el manejo del medio campo de Spencer Coelho y la firmeza defensiva de Genaro Bermúdez, dándose los dos profesores una tregua, un respiro que los apartara un par de horas tanto de los afanes escudriñadores del proceso ideológico de la revolución de Independencia que desde una década atrás ocupaban a Villoro (10), como de los ensayos que se parecen más a una narración (11) y de las narraciones que incluyen elementos ensayísticos (12) que aparecen en Manual del distraído, el conjunto de colaboraciones al que en forma de libro, en aquel tiempo, Rossi estaba por ponerle el punto final, publicado como lo fue en 1978.

Rossi murió un día como hoy hace ocho años, el 5 de junio de 2009. Apenas el sábado anterior a su deceso, 31 de mayo, Pumas conquistó su sexto título de campeón de Liga ante Pachuca. Me gusta pensar que aquel partido final le mereció a Rossi unas líneas que ya no alcanzó a escribir, pues si alguna vez quiso hacer un texto de Vicente de la Mata (13), atacante de Independiente de Avellaneda en los años cuarenta ¿por qué no lo haría de Juan Francisco Palencia, que andaba en gran forma por aquellos días?

Luis Villoro, uno de los filósofos mexicanos más importantes del siglo XX.

Si es verdad, como dice Rossi, que la literatura se escribe o se crea desde lenguajes específicos y cada uno de ellos ofrece un repertorio retórico (14) —el futbol tiene el suyo, compuesto de giros y expresiones comunitarios, oídos sobre el terreno, imposibles de inventar en soledad, guiños de complicidad entre iniciados (15)—, creo que de habernos regalado a propósito de aquella final una sola de esas reflexiones brevísimas (16) que tanto le gustaban, Rossi nos habría ayudado a vivificar el repertorio retórico del lenguaje del futbol, gastado y empobrecido como está de tanto mantenerlo dentro de una camisa de fuerza llena de fórmulas pobretonas y monótonas (17), de las que él era un enemigo declarado y más en su condición de aficionado constante (18) a este juego, trama de imprevistos, de casualidades (19), como también lo fue la vida que vio y vivió Alejandro Rossi.

Por: Farid Barquet Climent

A Gabriela y Rodrigo

Fuentes:

(1) Scherer García, Julio, “Ajuste de cuentas”, en A.A.V.V., Proceso 30 años, Edición de 30 aniversario, México, octubre-diciembre de 2006, p. 11.

(2) Krauze, Enrique, Caras de la historia I, Debate, México, 2015, p. 344.

(3) Ibidem.

(4) Ibidem.

(5) Ponce, Armando, “El futbol de hoy, el futbol de ayer, vistos por el escritor Alejandro Rossi”, en Proceso No. 920, 18 de junio de 1994, disponible en: http://www.proceso.com.mx/165647/el-futbol-de-hoy-el-futbol-de-ayer-vistos-por-el-escritor-alejandro-rossi

(6) Ibidem.

(7) Ibidem.

(8) Villoro, Juan, “Alejandro Rossi”, en Reforma, 12 de junio de 2009.

(9) Perales Contreras, Jaime, Octavio Paz y su círculo intelectual, Ediciones Coyoacán, México, 2013, p. 229.

(10) Villoro, Luis, El proceso ideológico de la revolución de independencia, unam, México, 1967.

(11) Rossi, Alejandro, Obras reunidas, Fondo de Cultura Económica, México, 2005, p. 15.

(12) Ibidem.

(13) Ponce, “El futbol de hoy, el futbol de ayer…”, op. cit.

(14) Rossi, Obras reunidas, op. cit., p. 500.

(15) Dujovne Ortiz, Alicia, “La cancha de arriba”, en Arias, Miguel, La Gloria y Devoto, Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2001, p. 11.

(16) Rossi, Obras reunidas, op. cit., p. 15.

(17) Idem, p. 168.

(18) Ponce, Armando, “El futbol de hoy, el futbol de ayer…”, op. cit.

(19) Rossi, Obras reunidas, op. cit., p. 481.