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Antonio de Nigris y el Retorno de Rubén Darío

Cuando escucho el nombre de Antonio de Nigris, no puedo evitar asociar su nombre y su figura con la de un trotamundos; en mi experiencia, el futbol puede ser el motivo para iniciar o culminar un viaje y aprender nuevas cosas, conocer nuevas culturas y aventurarse a descubrir destinos increíbles. En pocas palabras el futbol es la excusa perfecta para atreverse a viajar. La vida de Antonio de Nigris fue una lucha constante contra aquellas personas que se encargaron de vetarlo del futbol mexicano con el ya famoso pacto de caballeros. En esta ocasión el poema de gol es un poema ya escrito. Rubén Darío resume en algunas de sus líneas la vida de un viajero y el sueño con regresar a su tierra de origen, todo esto sucedió con El Tano que nació un 1 de Abril de 1978 y volvió -a México- después de perder la vida en noviembre de 2009.

El retorno a la tierra natal ha sido tan
sentimental, y tan mental, y tan divino,
que aún las gotas del alba cristalinas están
en el jazmín de ensueño, de fragancia y de trino.

(...)

Exprimidos de idea, y de orgullo y cariño,
de esencia de recuerdo, de arte de corazón,
concreto ahora todos mis ensueños de niño
sobre la crín anciana de mi amado León.

(...)

Amapolas de sangre y azucenas de nieve
he mirado no lejos del divino laurel,
y he sabido que el vino de nuestra vida breve
precipita hondamente la ponzoña y la hiel.

Mas sabe el optimista, religioso y pagano,
que por César y Orfeo nuestro planeta gira,
y que hay sobre la tierra que llevar en la mano,
dominadora siempre, o la espada, o la lira.

El paso es misterioso. Los mágicos diamantes
de la corona o las sandalias de los pies
fueron de los maestros que se elevaron antes,
y serán de los genios que triunfarán después.

(...)

Por atavismo griego o por fenicia influencia,
siempre he sentido en mí ansia de navegar,
y Jasón me ha legado su sublime experiencia
y el sentir en mi vida los misterios del mar.

¡Oh, cuántas veces, cuántas oí los sones
de las sirenas líricas en los clásicos mares!
¡Y cuántas he mirado tropeles de tritones
y cortejos de ninfas ceñidas de azahares!

(...)

Si pequeña es la Patria, uno grande la sueña.
Mis ilusiones, y mis deseos, y mis
esperanzas, me dicen que no hay patria pequeña.
Y León es hoy a mí como Roma o París.

Quisiera ser ahora como el Ulises griego
que domaba los arcos, y los barcos y los
destinos. Quiero ahora deciros ¡hasta luego!
¡Porque no me resuelvo a deciros adiós!

Retorno. Rubén Darío.

Por Jorge Emilio Mendoza Piña @georgehatetweet