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El Barça: más allá de la ficción

Cinco hombres lloraban y soltaban sus puños al cielo después del gol que finalizó una de las eliminatorias más grandes de la historia de la Champions. El mayor de ellos, en plena euforia, me decía que él era socio del Barça desde pequeño. Él había sido testigo de las históricas remontadas del Barça desde que Cruyff había llegado, en los albores de los años setenta, a vestir la camiseta azulgrana. Ipswich Town, Anderlecht, Göteborg, Dínamo de Kiev, Milán. No. Ninguna remontada había sido como esta. Sergi Roberto, un canterano, acababa de meter uno de los goles más importantes de los 117 años de historia del Fútbol Club Barcelona. Un gol que honra al pasado, sella el presente, y muestra un futuro promisorio para todo el barcelonismo. Una eliminatoria para la historia.

Si algún jugador merece llevarse los aplausos después del enorme despliegue colectivo del conjunto barcelonés, ese es Neymar. Fue él quien logró empujar a sus compañeros cuando la eliminatoria parecía perdida. Fue él quien metió el penal del 5-1, y el que dio el pase entre líneas que aprovechó Sergi Roberto para finiquitar la eliminatoria. El brasileño, perdido en muchos partidos de la presente temporada, fue quien jugó el rol de Messi.

Desde el comienzo el Barça fue un vendaval. Con un parado 3-4-3, logró abrumar a un PSG que salió errático y timorato. El conjunto francés, sin la presencia de Di María, era un alma en pena que solo podía observar cómo los contrarios aparecían por el centro y las laterales del campo. El Barça, por el contrario, volvió a ser ese equipo con sangre que logró el triplete hace dos años.

Si logramos el dos a cero antes del descanso, todo puede suceder se llegaba a escuchar en las gradas. Ambos fueron generados más por pundonor que por estrategia. Un cabezazo de Luis Suárez, que venía de un mal rechace de la defensa parisina, y un autogol permitieron que el presagio de la grada se cumpliera.

Al volver de los vestidores, el Barcelona continuó el asedio a la portería defendida por Trapp. El penal que convirtió Messi dio la impresión que la remontada estaba a la vuelta de la esquina. Sin embargo, la clave del partido se dio con el gol convertido por Cavani. Tras haber regalado el segundo gol de los blaugranas, Lyvin Kurzawa, logró asistir al delantero uruguayo, que remató con coraje al palo derecho de Ter Stegen. El gol parisino, inmerecido, había llegado con una facilidad pasmosa.

El Camp Nou, que había sido una fiesta desde el primer minuto, se había convertido en un funeral; de los sí se puede al silencio. El Barça parecía que no podría levantarse del golpe. Al PSG se le veía con más confianza y comenzaba a disputarle el medio campo al Barcelona. Al conjunto catalán parecía que el esfuerzo sobrehumano de los sesenta minutos transcurridos le estaba comenzando a pasar factura.

Cuando los más pesimistas comenzaban a abandonar sus asientos, incrédulos de que el Barça pudiera revertir la situación, Neymar convirtió un tiro libre con un disparo portentoso que dejó como una estatua a Trapp. Un gol que parecía cerrar, de una manera más digna, la eliminación del Barça, se convirtió en un revulsivo. El referente de la Seleçao, acostumbrado a tirar penales decisivos (como el que le dio la medalla de oro a Brasil en los JJOO de Rio) puso el quinto para los blaugranas. Andre Ter Stegen salió de su portería para ir a buscar el tanto decisivo. En las últimas dos jugadas del partido los 22 jugadores se encontraban en la cancha del Paris Saint-Germain.

La poco ortodoxa definición de Sergi Roberto desató la locura del Camp Nou. Mientras veíamos a la banca del Barcelona saltar hacia la cancha, los que estábamos en las gradas nos mirábamos de manera incrédula. Tras el estallido de euforia después del pitido final, el público entonó el himno del Barça en tres ocasiones. Aficionados del Barça, o no, simplemente hablábamos de lo sucedido. Como bien dice el viejo adagio: la realidad supera a la ficción.

Por José Ricardo Mercado Bravo