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Concachampions. Un compromiso geográfico

Concachampions. La obligada Concachafa. Esa incómoda competición a la que los equipos mexicanos se han visto obligados a participar por razones geográficas.

Cada año los campeones y subcampeones de nuestro balompié consiguen el premio de buscar el sueño de enfrentar al campeón europeo en diciembre, a través de un laborioso proceso en el que deambulan por los estadios centroamericanos ante equipos de los que nunca habían escuchado hablar hasta el día del sorteo.

Pero la sorpresa es que cuando caen a la mitad del camino no entienden porqué sucede. Pareciera, en ocasiones, que los equipos mexicanos que compiten en la Concachampions empezaran a descubrirlo a partir del segundo semestre, ya en cuartos de final o semifinales. Suplentes, viajes obligados, resultados inesperados. Todo esto adorna los primeros juegos de los flamantes finalistas aztecas mientras sus rivales planean el partido y sorprenden.

Por otro lado, es una realidad que en el papel económico, histórico y futbolístico, los mexicanos tendrían que salir victoriosos; 32 títulos desde 1962 cuando se creó el torneo bajo otro nombre y formato. Los ticos, segundos en campeonatos, tienen solamente seis. Incluso desde 2005, cada copa llega a una vitrina mexicana.

Foto: MEXSPORTS/Jorge Martinez.

Pasan los años y seguimos representando al área en el Mundial de Clubes. Los equipos de élite mundial aparecen en el calendario una vez al año si se recorre correctamente todo el trayecto. Qué agradable sería encontrarse en las canchas europeas o ante las gradas sudamericanas disputando títulos continentales, pero el adagio de Cristina Pacheco nos lo ha recordado suficiente: aquí nos tocó vivir.

Quedaron atrás esos años en los que se iba a visitar y plantar cara a los monstruos argentinos, las difíciles hazañas en campos brasileños o la lucha encarnizada en Colombia y Ecuador. Incluso las oportunidades que existían de jugar en el cono sur se difuminaron a causa de la calendarización que nos obliga a priorizar el torneo de nuestra zona.

Es una lástima, sí. Pero también es posible que estos partidos ayuden a la liga a encontrarse donde pertenece. Cuántas veces hemos escuchado que deberíamos mudarnos a jugar a CONMEBOL, y luego, en sus torneos, surgen las quejas del maltrato arbitral y de la organización. CONCACAF, nos guste o no, es nuestra casa, y después de todo, por el mismo camino se accede al Mundial. Quizás lo que tendría que transformarse es la actitud ante estos encuentros. La internacionalización de la liga será siempre provechosa para directivos, jugadores y entrenadores que pretendan enfrentarse a nuevos retos y formas de juego distintas a lo que ofrece nuestro futbol local.

De cualquier manera, es inevitable pensar que estas décadas comienzan a brindar oportunidades para los clubes centroamericanos y caribeños de probar sus capacidades y elevar el nivel futbolístico del área. La transformación de la Liga de Campeones desde 2008 ha buscado esta evolución a través de la aparición de la fase de grupos en la que más equipos pueden enfrentarse, y las reglas acerca del estándar mínimo de calidad de los estadios para poder participar. CONCACAF está ante el reto de promover este desarrollo al tiempo que limpia su imagen de escándalos y manejos sucios. Mientras tanto, lo que le toca a México, es competir de manera profesional y entregada para mantenerse en los primeros puestos de cada edición, y poner las barbas a remojar pues cada vez es más común que surjan las dificultades para vencer a los vecinos.

Por Alan Holguín Hoffman