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Cuando en Escocia no se jugaba en las nubes

Escocia es un espacio particular en el mundo; su comida, su acento, el clima, los paisajes, su tema de religión, su historia, todo es muy diferente a lo que sucede en el territorio de la Gran Bretaña. Incluso el futbol que se practica en esas tierras llegó a serlo pues fue el primer movimiento de contra-cultura en la historia del balompié. Lástima que actualmente no haya tantas diferencias entre los estilos que manejan sus ligas y representativos nacionales, y diría incluso, que los papeles están cambiando por completo.

Cuando apenas estaba terminando el Big Bang que generó el nacimiento del futbol, todo era de una sola forma: la que dictaban los habitantes del Reino Unido. Los ingleses dieron a luz, criaron y amamantaron al balón, le impusieron reglas y estatutos, y lo fueron viendo como crecía. Ellos vivieron la pubertad del football, aquella donde todo era caos y con mucho esfuerzo se le fue dando un camino a seguir. Cuando pasaron esa etapa y este deporte ya estaba formado, procedieron a dejar una última enseñanza: el cómo, y por cómo me refiero a las interacciones que se llevaban a cabo dentro del terreno de juego para lograr el objetivo, se jugaba al futbol.

Su concepción no era otra que la de la gambeta primero, y la del despeje y el golpeo con la cabeza, después. Los pases eran algo que ni siquiera se concebía. Un jugador tomaba el balón y trataba de avanzar entre todos los oponentes, si alguien conseguía zafárselo, seguro tenia a un compañero detrás de él apoyándolo y si este conseguía ganar el esférico de nuevo, ahora era él quien trataba de sortear a todos con algún otro camarada atento a un nuevo rebote. Cuando las reglas lo permitieron, descubrieron que se podía evitar el peligro de una forma más rápida si cuando recuperaban el balón en su terreno de juego lo despejaban, por tanto los primeros que debieron tener la intención del cabezazo fueron los defensas, quienes recibían el despeje y trataban de, también, regresar el balón al campo contrario sin perder tiempo. Así se jugaba este deporte hasta 1872.

Pero sería en ese año, cuando todo cambiaría al disputarse el primer partido internacional de la historia. Fue un Escocia vs Inglaterra en Hamilton Crescent, y el resultado, un empate sin goles; sin embargo lo importante del encuentro fue lo que los escoceses le enseñaron al mundo (que en ese entonces seguía siendo solo las islas).

A sabiendas de que su físico era inferior que el de los atletas ingleses, y de que a través de la gambeta les iba a ser imposible esquivar a los contrincantes y llegar a la portería, comenzaron a dar pases laterales para tratar de dejar ante menos hombres al más habilidoso del equipo. La prensa de todo el Reino esperaba una goleada por parte de los ingleses y lo que resultó fue la creación del juego de conjunto como lo llamó un diario escocés al día siguiente.

Pero lo de los escoceses esa noche no fue producto de la intención de un día ante las características de sus rivales solamente; en realidad, su juego desde el principio tenía ya esa base, dado que la ley de fuera de juego con el que nació el futbol ahí, se parecía bastante a la que terminaría adaptándose mundialmente en 1921. El pase siempre fue necesario, querido e incentivado. Las combinaciones fueron surgiendo a partir de patear la pelota y no solo acarrearla. Incluso desde su formación táctica aquel día, se puede apreciar un detalle más de equipo dado que dejaron 4 jugadores defensivos por 6 ofensivos, en vez de 3 defensas y 7 atacantes como lo dispuso Inglaterra.

A partir de ese momento comenzó un debate por cómo se debía jugar el futbol. Ya había dos formas, la tradicional inglesa basada en la fuerza y el coraje, y la del juego de combinación que se basaba en un sistema integral de pases. Incluso, los primeros ingleses que se aventuraron en adoptar el sistema del norte, lo veían como una táctica futbolística militar queriendo referirse a una forma más organizada y controlada de cómo se podía jugar con el balón.

En Escocia también se debía evangelizar con el juego de pases, pues en realidad la Selección escocesa que disputó esa serie de primeros partidos internacionales no era tal, sino el equipo de Queens Park FC representando a la nación. Lo curioso es que durante más o menos dos décadas (1872-1889) que duró la propagación del juego de pases en todas las islas, la gente de futbol lo adoptó de forma diferente dependiendo del territorio en que se encontraban.

Mientras en Escocia, Queens Park se dedico a perfeccionar la rapidez de sus combinaciones para así poder tener distraídos constantemente a los defensores contrarios, en Inglaterra comenzaron a pensar que, en realidad, la velocidad no se medía lateralmente sino a lo largo del campo. El término veloz para ellos era perfectamente aplicable a su despeje. Llegar de un lado a otro del campo en el menor tiempo posible. Y por ello, aunque sí diferenciaron desde el comienzo lo que sería un despeje de un pase largo, lo que ellos propagaron fue patear el balón de forma certera (cierto, es que tenían mejor técnica) a través del aire para que le llegara a un delantero en el costado, y tal vez, incluso este hacer lo mismo y mandarle el balón a su delantero en el costado contrario. Pases al final de todo, pero largos, en vez de cortos y rápidos como intentaban hacer los escoceses.

Si regresamos de este viaje en el tiempo, nos daremos cuenta que los escoceses tuvieron un comienzo de siglo XX muy pobre en cuanto a resultados internacionales, situación que hizo que pronto comenzaran a dejar de jugar sobre el césped y pasaran a jugar en las nubes, como lo hacían los ingleses. Querían alcanzar la misma gloria que ellos, y comenzaron a adoptar esos pases largos y a desdibujar su idea primaria de las combinaciones rápidas para dividir al rival.

No obstante esa manera de ver el juego ya había sido exportada. Viajeros y equipos escoceses que iban a realizar giras a la Europa Central fueron los causantes de que el juego de conjunto y a ras de césped fuera tomado y perfeccionado por países de Europa Continental y serían éstos los que cosecharían los éxitos décadas después. Si Holanda, Hungría y Austria conforman una trinidad de equipos mágicos en la línea del tiempo del futbol, de algún modo, al fondo de todo, oculta en la raíz, seguramente se encontrara en Escocia. Un lugar donde no solían jugar en las nubes.

Por Eduardo Zurita