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Cuando mi abuelo conoció a Nemesio Díez

Fue un domingo, mientras veía la liga local, que coincidió una llamada con mi abuelo, quien vive en la fronteriza ciudad de Tapachula en el lejano estado de Chiapas. Pon el juego del Toluca, está por empezar apenas, y por el centenario están haciendo un homenaje a Nemesio Díez, le dije a mi abuelo Jorge, cuando recordé por inercia que en su juventud, había conocido a quien le develaban la estatua este pasado 12 de febrero al medio día.

El Deportivo Toluca es un equipo que me simpatiza, sin precisamente ser uno de sus adeptos. Sus logros son innegables, y en lo que me permito llamar la era posmoderna del futbol mexicano (es decir, los torneos cortos), las estadísticas lo posicionan como el más ganador sin lugar a dudas. Los Diablos Rojos están más allá de la agenda de los medios de comunicación, que insisten en posicionar sólo a cuatro equipos, que por cierto, al verse superados en títulos por los mexiquenses han publicado nerviosamente sus campeonatos ganados en la era amateur para no dejarse rebasar.

Era un hombre sumamente respetuoso e inteligente también, habló poco. Lo recuerdo con el porte de alguien que dirige un gran negocio.

Mi abuelo, un viejo aficionado a este maravilloso deporte, está alejado de la categoría de fanáticos y apasionados, y por el contrario, ubicado más bien entre los serenos y analíticos, fungió como secretario general de futbol del estado de Chiapas, cuando se avecinaba el inicio de la década de los setentas. Era otro tiempo, Chiapas estaba muy alejado del futbol profesional, y de por sí la liga de México estaba todavía muy alejada de lo que es ahora, inicia la plática mi abuelo Jorge.

Para entonces a mí me gustaba involucrar el futbol en nuestra localidad, en Tapachula, y metí al equipo de General Motors (GM), donde trabajaba, en una liga municipal, que luego se volvió estatal […] En esos años, no recuerdo exactamente cuál, pero era entre el 68 y el 70, había una cantidad importante de españoles aquí en Tapachula, quién sabe por qué. Una familia cuyo apellido no recuerdo, tenía una zapatería para ricos, se llamaba El Borceguí, y eran muy influyentes entre sus compatriotas. Tenían inscrito un equipo de fútbol en nuestra liga, jugaban ahí puros españoles y precisamente se pusieron el nombre de Club España. Los dueños tenían mucho billete y contactos, y no sé cómo diantres pero de pronto yo, como secretario estatal de futbol en Chiapas, ya tenía que prepararme para la llegada del Deportivo Toluca.

Vinieron con todas sus figuras, tenían un medio ofensivo de Brasil, que jugaba a otro nivel, se llamaba Amaury Epaminondas, era un fuera de serie. Y si viajó él, todos los otros titulares también lo hicieron. Jugaron contra el Club España y contra el equipo de GM. Ahí, de mis compañeros de trabajo, había un mecánico con un futbol muy bonito, jugaba de delantero. Era un talento puro. Se llama Juanito Pinto y es un gran amigo. El Toluca se lo quiso llevar, pero él no aceptó. Era un riesgo alto porque no le ofrecían jugar como profesional, sino intentarlo, todavía tenía que probarse entrenando y adaptándose. Hizo bien en quedarse y conservar su trabajo. Estos empresarios españoles que te digo, tenían también un salón de eventos, donde organizamos una comida para todos. Los jugadores que participaron estuvieron en una mesa, también estaba Nacho Trelles que era el entrenador. Me tocó sentarme en la mesa de Nemesio Díez y los directivos. Era un hombre sumamente respetuoso e inteligente también, habló poco. Lo recuerdo con el porte de alguien que dirige un gran negocio. ¡Y mira si no!, el Toluca es un equipo muy grande y fuerte ahorita. Creo yo que por su centenario queda campeón. Pero ahora que me haces recordar el tema, nieto, nunca me había puesto a pensar cómo a Nemesio Díez se le ocurrió venir a este pueblo.

El Borceguí es un museo y zapatería que se encuentra en la Ciudad de México, y en la puerta principal rememora su fundación en 1865. Los dueños después de 1900, unos españoles de apellido Lizaur, seguramente coincidieron con Nemesio Díez, también originario de España (llegó a México a la edad de 13 años), y lograron cultivar una amistad. Supongo que existía una sucursal de El Borceguí en Tapachula, y de esa manera emprendieron el viaje. En realidad, y como dijo mi abuelo Jorge, no encuentro otra explicación para que el empresario decidiera llevar a su equipo titular, a jugar un par de partidos de exhibición en Tapachula.

Ahora, en la temporada de su centenario, mi abuelo y yo creemos que el deportivo Toluca tiene altas posibilidades de ser campeón. La remodelación de su estadio, la develación de la estatua de Nemesio Díez, y el inminente partido conmemorativo con el Atlético de Madrid, terminarán por opacar un desabrido centenario del Club América, que en ninguno de sus tibios intentos logró hacerle honor a su mote de equipo grande. Una estatua de su fundador tampoco hubiera ayudado.

Por Héctor Ordóñez