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Diego Armando y el Maradona del Golfo Pérsico

Seguramente cualquier persona en el planeta ubica perfectamente a Diego Armando Maradona, pero pocos (los muy futboleros, de seguro) saben quien fue Saeed Al-Owairan y qué tiene en común con el argentino, considerado hasta la fecha uno de los mejores futbolistas a lo largo de la historia junto con el brasileño Pelé y el holandés Johan Cruyff, entre otros.

El ex jugador árabe no comparte nacionalidad ni signo zodiacal con El Pelusa... Ni siquiera el idioma, pero sí el hecho de que marcó un gol casi idéntico al que el sudamericano logró ante Inglaterra en los cuartos de final de México 86, el famoso Gol del Siglo. El mejor gol en la historia de las Copas del Mundo, de acuerdo con la FIFA.

Ocho años después de aquella estampa magistral e inolvidable de D10S ante los ingleses en el Estadio Azteca -jugada en la que el argentino arrancó poco atrás de media cancha para después eludir a seis rivales, incluido el portero, y vulnerar el arco rival- Al-Owairan hizo prácticamente una calca de aquella acción ante Bélgica en Estados Unidos 94. Un golazo que además sirvió para que Arabia Saudita clasificara a los octavos de final en su primera participación mundialista. Incluso, aquel tanto fue considerado el mejor de la justa celebrada en suelo yanqui. Coincidentemente, Maradona también jugó aquella Copa del Mundo, misma que no le dejó gratos recuerdos.

Justo en ese instante comenzó una historia paralela entre Diego Armando y Saeed. Me cortaron las piernas, aseguró con llanto de por medio y muy dolido el astro argentino cuatro días después de que diera positivo en el examen antidoping por consumo de efedrina -sustancia de origen vegetal que es utilizada principalmente para el alivio temporal de resfriados, asma o bronquitis- al término del encuentro ante Nigeria. La Albiceleste no pudo contar con el talento del entonces jugador de Newell's Old Boys en el último partido de la primera ronda ante Bulgaria ni en los octavos de final ante Rumania, donde fue eliminada. El genio de la pelota nacido en Villa Fiorito, que se retiró en 1997 con su amado Boca Juniors, jamás volvió a defender la camiseta de su país.

Por su parte, Al-Owairan fue apodado el Maradona del Golfo Pérsico tras aquella acción ante los belgas en el Robert F. Kennedy Memorial Stadium de Washington. Sin embargo, después de aquel Mundial las cosas no fueron como las esperaba el mediocampista, que militó durante toda su carrera con el Al-Shabab de su país, ni como las quería la afición saudí luego de que en 1996 fuese sancionado ocho meses por la realeza árabe tras ser visto en un club nocturno con mujeres rusas durante una concentración con su equipo. El castigo le impidió disputar la Copa Asiática de aquel año celebrada en Emiratos Árabes Unidos, misma que fue conquistada por su Selección. Saeed tampoco pudo formar parte de los compromisos que Arabia Saudita enfrentó como parte de la eliminatoria rumbo a Francia 98. Sin embargo, los dirigentes saudíes hicieron a un lado el escándalo en el que se vio envuelta su gran figura futbolística y le permitieron jugar el Mundial en suelo galo.

No obstante, Al-Owairan no pudo marcar goles ni diferencia a favor de Arabia Saudita, que fue eliminada en la fase de grupos tras las derrotas a manos de Dinamarca y el anfitrión Francia y el empate con Sudáfrica. Y es que, al igual que el Pibe de Oro, Saeed tuvo todo para llegar todavía más lejos en el mundo del futbol. Si Bien Maradona llegó muy alto tanto con la Selección Argentina -campeón mundial en 1986- como con el Nápoles -dos veces monarca de la Serie A-, seguramente hubiera logrado más cosas importantes con la Albiceleste y con los otros clubes en los que militó en Europa (Barcelona y Sevilla), de no haber sido por su problema de adicción a las drogas. Y el árabe muy probablemente también lo hubiera hecho de no haberse visto involucrado en aquel alboroto por el que lo castigaron en 1996, ya que a raíz de ese suceso las autoridades de su país le impidieron irse al futbol europeo.

Inclusive ambos pudieron haber sido rivales en los cuartos de final de Estados Unidos 94, de no haber sido porque la sorprendente Rumania de Gheorghe Hagi -el Maradona de los Cárpatos- dejó en el camino a la entonces campeona de América y porque la Suecia de un joven Henrik Larsson -posteriormente goleador y figura con el Celtic- despachó a la Arabia Saudita de Al-Owairan y compañía. Hubiera sido muy que interesante que el 10 de julio de aquel 1994 en San Francisco se hubiera dado aquel enfrentamiento entre los dos Maradonas. Quizá sea un sueño guajiro pensar que alguno de los dos hubiese recreado aquella pincelada que los encumbró en lo más alto del deporte más popular del mundo y que con ello el privilegiado hubiera encaminado a su respectivo país a la antesala de la Final del Mundial disputado en suelo estadounidense.

Sin embargo, el hubiera no existe, mas queda claro el poder que tiene el futbol para unir a dos personas tan lejanas (13,206 kilómetros separan a Argentina de Arabia Saudita) y que a una de ellas -Saed Al-Owairan- se le recuerde principalmente por haber hecho algo casi idéntico que la otra -Diego Armando Maradona-.

Vi ese gol más de mil veces. Ya me aburrí de él, declaró en alguna ocasión el Maradona del Golfo Pérsico, quien se retiró en 1999 a los 32 años de edad.

Por Enrique Villanueva @Quique7Villa