El arquero más brillante

Cualquier millenial que se asomara a esta fotografía pensaría que son un grupo de obreros o panaderos salpicados de harina. Tal vez algún sensato diría que son estudiantes. Que sí lo son, pero no es la academia por la que están reunidos. Observemos los rostros, es tan complicado adivinar su edad como qué están practicando. Sólo hay dos figuras vestidas de negro. Uno está de pie, con pantalón largo, lo que lo diferencia del resto. El otro es el panadero creativo que decide si se usa chocolate o crema pastelera; el estudiante hambriento y vehemente, dispuesto a devorar los libros y acribillar con el bolígrafo los exámenes. El que decide tomar la responsabilidad de ser el portero (como es el caso de la fotografía) porque no teme que el equipo dependa de él, al fin, qué tan grave podría ser si la comprensión de que la vida es absurda no puede ser un fin, sino un comienzo.

El del frente, pequeño pero omnipresente en la pantalla es Albert Camus. El argelino-francés encabeza el equipo de su universidad, el Racing Universitaire Algerios. Era el guardameta, quien no temía encabezar desde la perspectiva de quien puede ver todo un movimiento futbolístico (o ideológico, o literario, si así lo queremos). Alguna vez afirmó que "lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al futbol". Años más tarde tuvo que dejar de practicar este deporte, pues la tuberculosis lo destruía por dentro siempre que se paraba en un campo de juego. Este mismo padecimiento inspiró una de sus más grandes obras, La Peste.

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