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El Charro Moreno: el futbolista y la leyenda

Cuando la AFA otorgó a Diego Armando Maradona el título del mejor futbolista argentino de todos los tiempos, el Pibe de Oro, como lo comenta en su autobiografía, sintió por supuesto una fascinación y un orgullo pero también una vergüenza de dejar atrás nombres como Moreno, Di Stéfano, Pedernera, Kempes, Bochini. Haciendo referencia a la injusta del reconocimiento, Maradona nos invitaba a retomar aquellas figuras abandonadas que ante la falta de mención oficial o por la imperdonable intempestiva del tiempo, parecen quedar en el olvido. Uno de los nombres que resalta en este sentido es el de José Manuel El Charro Moreno, en su momento reconocido por quienes lo vieron jugar como el mejor jugador de la historia por encima de figuras como Di Stéfano y el propio Pelé y mencionado también como el quinto mejor futbolista sudamericano del siglo XX, título que sin embargo, pareciera descuidado hoy en día. A propósito de los 101 años de su nacimiento, recordamos al ídolo de los Millonarios.

El futbolista

El Charro Moreno fue y será una figura mítica en la historia del futbol argentino. Sus récords, anécdotas y leyendas dentro y fuera de la cancha le han construido como uno de los personajes más exuberantes dentro del relato del balompié de la Argentina; sus impresionantes habilidades con el balón, su idea del futbol total que antecedió a la de Di Stéfano pero también, su pasión por el tango, el vino y la fiesta nocturna le posicionan no sólo como héroe futbolero, sino también como insigne bohemio.

Lo cierto es que la carrera de Moreno está llena de impresionantes hazañas futbolísticas. El Charro iniciaría su camino a la gloria en medio de azares del destino. Su primer intento por jugar futbol lo realizó en su equipo preferido, Boca Juniors, pero la escuadra de la pequeña localidad donde nació lo rechazó en las pruebas de ingreso. Deseoso de venganza, Moreno se probaría con el antagónico rival, el River Plate, en donde no sólo sería aceptado, sino donde construiría una de las carreras más exitosas en la historia del futbol argentino anotando un total de 170 goles y conquistando nueve títulos oficiales: Por cuestiones de la vida me tocó jugar y triunfar en la otra vereda, diría luego a propósito de su ambivalente destino.

Moreno debutó con el primer equipo de River en 1934. Con la institución de los Millonarios, el poeta de la zurda como también se le conocía, ganaría prácticamente todo: cinco campeonatos argentinos (1936, 1937, 1941, 1942 y 1947) y cuatro copas internacionales a través de la Copa Aldao (1936, 1937, 1941 y 1947), lo que lo llevarían a consolidarse como uno de los héroes míticos en la historia del club, formando parte de aquel equipo bautizado como La máquina por el periodista Lorenzo Borocotó. En este conjunto ideal, Moreno compartió titulares con futbolistas de la talla de Juan Carlos Muñoz, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna y Félix Loustau.

La máquina de River: Antonio Báez, José Manuel Moreno, Alfredo Di Stéfano, Ángel Labruna y Félix Loustau.

Con su Selección Nacional, Moreno también destacó a partir de impresionantes logros. A pesar de no haber participado en los Mundiales por cuestiones políticas -la Segunda Guerra Mundial y la decisión de los argentinos por no participar en la Copa del Mundo de 1950-, El Charro pudo conquistar a lo largo de sus 14 años como seleccionado, en tres ocasiones el título del Campeonato Sudamericano (1941, 1945 y 1947), símil de la actual Copa América. Con la playera albiceleste, Moreno ostenta el récord de mayores anotaciones (5) en este torneo, título que comparte con Juan Marvezzi, Héctor Scarone y Evaristo.

Sus habilidades le llevarían a trascender las barreras nacionales. En 1946, Moreno llegó a un incipiente futbol profesional mexicano en donde conquistaría el título de liga con el extinto Club España. Sería este paso por tierras mexicas que le valdrían su más famoso apodo como El Charro. Su odisea no se limitaría al balompié azteca. En 1949, llegaría al futbol chileno en donde fue parte del primer título local en la historia de la Universidad Católica. Los azares del destino le harían regresar a la Argentina, pero jugando para el acérrimo rival del equipo que le dio sus máximas glorias. Con los xeneizes, sin embargo, nunca estuvo en su óptimo nivel. Moreno fue a dar luego al balompié colombiano, resultando campeón con el Independiente de Medellín en 1955 como jugador y en 1957 como director técnico, año en que el futbolista argentino vería la actividad profesional pateando el balón por última vez.

La leyenda

Quienes le vieron jugar, aseguraban que su juego anticipó al del futbolista total, título que sería luego acaparado por Alfredo Di Stefano, con quien tuvo la oportunidad de jugar en su última temporada con los Millonarios en 1947. La capacidad de Moreno por generar un juego desde el área contraria, ir conduciendo el balón a través de paredes y abrir a la defensa, le hacen reconocerse también como uno de los inventores del futbol en su sentido actual. Sus 243 goles como futbolista profesional le merecen el título de poeta del futbol. La fama de Moreno, sin embargo, se debe también a su reconocimiento fuera de las canchas.

Su pasión por el tango, del cual decía, era "el mejor entrenamiento puesto que en él llevas el ritmo, lo cambias en un instante, manejas todos los perfiles y hacès trabajo de cintura y piernas" así como su amor por la bebida y la fiesta nocturna le han reconocido también como una suerte de poeta bohemio del futbol argentino. Cuenta la leyenda, que para batir los récords y jugar de la manera impresionante en que sólo Moreno podía hacerlo, se necesitaba de un caldo de gallina y una botella de vino antes de iniciar los encuentros. En una ocasión, los directivos de River, enojados ante la indisciplina del futbolista le obligaron a la obediencia, que sin embargo, causó su derrumbe en la cancha: "Decidí portarme bien. Nada de trasnochar y sólo leche para beber durante una semana. El domingo jugamos con Independiente en el "Monumental" y a los 10 minutos no podía respirar. No estaba acostumbrado a ese régimen de vida y jugué mal.

Reconocido por su bigote y por su pelo excesivamente engominado, Moreno es también ese héroe bohemio de antaño. Despreocupado pero cumplidor, bohemio pero talentoso, El Charro es es así reflejo de aquella figura ideal del dandy de los cuarentas que ahora nos es difícil de comprender.

El reconocimiento

Podríamos decir que el tiempo, en la medida en que es injusto y no perdona, lo ha sido con El Charro. Su muerte ocurriría en 1978, apenas dos meses después del primer campeonato mundial argentino. Sus logros, ocurridos en la década de los 40, ocurrirán también de manera muy temprana para que llegara el reconocimiento. A pesar de sus impresionantes logros, su excéntrica personalidad y sus capacidades futbolísticas, el reconocimiento de Moreno ha perecido junto con aquellas generaciones que vivieron sus mejores momentos.

Lo cierto es que el sitio del Charro, dentro de la historia del futbol tanto argentino como mundial es tan importante como el de otros nombres entre los que se incluyen Pelé, Di Stéfano y el propio Maradona. Por ello, el jugador reconocido como el vigésimo quinto mejor futbolista del siglo XX, merece más que un reconocimiento o un regreso a la memoria, la invocación de una leyenda.

Por Eduardo Yescas