El eco de Pericles

Por Emilio Posadas Certucha @gordopoce92

Tucídides fue uno de los más célebres historiadores de la antigua Grecia. Tal era el nivel de su narrativa que el humanista español, Diego Gracián, secretario e interprete de Carlos V, llevaba la historia escrita por Tucídides a las campañas, de la misma forma que Alejandro Magno llevaba los poemas de Homero.

El gran historiador trasladó la guerra entre Atenas y Esparta, mejor conocida como Peloponeso (431 a.C. y 404 a.C.) al papel. Puente que susurra todos los aspectos de la guerra y sus consecuencias.

Uno de los aspectos más olvidados, y en el que se debe por lo mismo hacer hincapié, es la ceremonia que se hacía en honor a los “caídos”. Los restos mortales de los combatientes inmolados se colocaban en féretros de ciprés y se exponían un ataúd vacío en memoria de los soldados cuyos restos no se encontraron.

Dicha ceremonia era conducida por un orador, quien pronunciaba un discurso en honor al heroísmo de los caídos y sus familias. Tucídides, no pudo resistirse a la oratoria de Pericles y documentó su oración en honor de los atenienses muertos en la guerra del Peloponeso en 431 a.C.
“... no se puede decir que nuestro poder no se parezca por señales e indicios, porque hay tantos, que los que ahora viven de presente y los que vendrán después de ellos, nos tendrán en grande admiración. Ni hemos menester al poeta Homero, ni a otro alguno, para encarecer nuestros hechos por colores poéticos, pues la verdad pura de las cosas deshace la duda y falsa opinión, y la lanza por tierra, porque por nuestro esfuerzo y osadía hemos hecho que toda la mar se pueda navegar, y toda la tierra se pueda andar, dejando en todas partes memoria de los bienes o de los males que hicimos.”

Este discurso parece haber hecho eco hasta nuestros días. Tomando el 2004 como año, y a la Eurocopa de Portugal como escenario, nadie puede olvidar el ejemplo de heroísmo y superación mostrado por la selección griega en el certamen.

Contra todo pronóstico, el conjunto helénico, venció al equipo local en la final con un memorable cabezazo al minuto 57 de Angelos Charisteas y un muro defensivo que ni el mejor de los caballos habría podido traspasar. Logrando, tal y como lo planteó Pericles, que los logros y, en particular, aquellos que tengan como ladrillos el heroísmo, la perseverancia, el deseo, la superación y el sacrifico, construirán un recuerdo en el que “los que ahora viven de presente y los que vendrán después de ellos, nos tendrán gran admiración”

Sin duda este episodio futbolístico parece estar “tocado” por las palabras de Pericles, demostrando una vez más que el alcance de las palabras es uno con el tiempo.

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