El futbol australiano entre la resistencia y el racismo

El Tiempo del Sueño o Tjukurpa como lo llaman los Aborígenes (la mayúscula importa, es una reivindicación por parte de las comunidades originarias australianas), ha quedado atrás. Esa época mítica de leyenda mira con desengaño y enfado cómo se ha establecido el racismo dentro de Australia en pleno siglo XXI, expulsando al pueblo Aborigen de sus lugares sagrados. El caso del atleta Adam Goodes es un ejemplo triste de la discriminación en la que constantemente se sume la nación. En un partido en donde jugaba Collingwood contra los Sydney Swans en el 2013, escuchó como le proferían insultos desde las gradas, situación que denunció, propiciando que una aficionada fuera expulsada del partido.

Cabe mencionar que el atleta Adam Goodes juega futbol australiano, una variante del futbol que contrapone a dos equipos de 18 jugadores y se practica con un balón de forma esferoidal, muy parecido al rugby. Sus siglas son AFL (Autralian Football League) que no se debe confundir con el soccer.

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Sin embargo el hecho anterior, pasa a ser uno más en una serie de atropellos hacia las comunidades originarias. La manera en que se ha situado el colonialismo como fundamento de las relaciones sociales se puede rastrear desde el Siglo XVIII y XIX. Parece que la manera en que el desarrollo industrial se vino dando dentro del continente, no solo afectó por un lado al pueblo Aborigen sino también resultó en un aparato de vigilancia social, que reglamentó e implementó la discriminación entre las clases sociales. Los irlandeses que emigraron durante el siglo XIX, son en gran medida un ejemplo de esto. No por nada Ned Kelly surge como una protesta a la manera en que los británicos habían condicionado determinados espacios laborales, oprimiendo a las clases desposeídas.

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Los Aborígenes no tuvieron otra vez tanta suerte como otros grupos sociales, ellos fueron desterrados de manera absoluta y el abuso siguió.

En el documental Utopía de John Pilger podemos rastrear la historia de la infamia que ha padecido el pueblo Aborigen y es ahí donde el futbol hace su emergencia siendo la plataforma, que efectivamente nos permite juzgar y denunciar actos racistas. Esta situación pone a Australia en una tensión continúa, ya es momento de que camine a reconfigurar la unidad como prioridad y sobre todo el respeto a los derechos humanos. La FFA (Federación de Futbol Australiano) también necesita posicionarse cada vez como un contrapeso, cuyo trabajo sea el de continuamente condenar actos de discriminación como el de Goodes en la AFL.

Por último es preciso en este rastreo hablar del caso del jugador Doug Nicholls, quien se tuvo que enfrentar de manera continua a la discriminación. Nacido en 1906 y fallecido en 1988, militó en equipos como el Northcote Football Club y el Carlton F.C., equipos de futbol australiano. Su vida es la historia de la resistencia y el derecho al respeto. El futbol soccer puede ser también, un campo donde la contraposición nazca como un ejercicio ético. Afuera la lucha continúa, con el balón como estandarte.

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Por: Andrés Piña/@AndresLP2