El génesis de la panenka

Por Pedro González @gonmoc

Durante meses Antonin practicó ese gesto técnico. Sabía que en algún momento se presentaría la oportunidad de definir de una manera completamente diferente que lo llevaría a la inmortalidad. Se jugaba la final de la Eurocopa de 1976, Alemania y Checoslovaquia habían empatado a dos goles y todo se definiría en penales. Después de cuatro tiros, sólo los alemanes habían errado, el quinto disparo del equipo checo definiría el partido. Antonin Panenka se encarrerró de frente al balón y picó sutilmente la pelota de una manera nunca antes vista.

Reparemos en la fotografía. El checo tiene la cara del aventurado, la misma expresión que seguramente pusieron los hermanos Wright cuando izaron el vuelo por primera vez. La mandíbula apretada de quien sabe que está en la franja del ridículo o la gloria La mirada fija pero vacía de quien no tiene cabeza para darse cuenta de lo que está sucediendo, de la trascendencia de su atrevimiento. El portero, por su parte, vencido. Las piernas de goma no le dan la oportunidad de regresar a donde está el balón, el brazo derecho simplemente lo alza para no verse más ridiculizado. Panenka, con todo el atrevimiento, daba una razón más para enamorarnos del futbol, e inventaba un arma que usarían Zidane, Pirlo o Sergio Ramos para más adelante cubrirse de gloria.

European Nations Cup Final 1976