El mejor amigo del hombre

El perro es el mejor amigo del hombre.

Hemos escuchado esta frase, pero desconocemos su origen. Probablemente pensamos que es algo que viene de alguna tierra dónde el hombre depende más del perro que de sí mismo. Tal vez sea, de la misma forma que la pólvora, alguna genialidad china -hoy en día todo lo es- , o, si Jesús hubiese tenido un perro, no cabe duda que la autoría le pertenecería a él. Pero no es así.

Los “derechos de autor” a estas palabras le son de George Graham Vest, abogado estadounidense que en el año 1871, se presentó ante un jurado en Warrensburg, Misuri, en defensa de un hombre que abogaba que su galgo, Old Drum, había sido asesinado por su vecino.

Grahamvest

El caso podría sonar menor, al fin y al cabo se trataba sólo de un perro; se podría pensar. Sin embargo, este caso representa mucho más que eso y que una frase pegajosa. El caso que el asesor presidencial (George Graham) presentó, representa que el derecho a la vida es incuestionable, intocable y absoluto en cualquiera que cuente con él. No importa si es un perro, un niño o un adulto, la vida es un privilegio del cual todos gozamos, y no corresponde a nadie más que a la propia vida decir dónde termina.

Por lo anterior, George Graham pronunció un discurso ante el jurado, en el cual abogó que no existe cariño más auténtico que el de un perro a su amo, es un cariño sostenido en la lealtad. El discurso no sólo señala las grandes cualidades de los perros, sino también, hace evidente las carencias de las personas; nos evidencia. Así que se vuelve imposible pensar que la vida de alguien tan superior, en ciertos aspectos, a nosotros, valga menos.

En el mundo del futbol también existe alguien que es el mejor amigo del hombre: el balón.
El balón es leal, no tiene preferencias; siempre se queda con nosotros a menos que lo pateemos, y aun así, regresa (repruebo tajantemente un acto tan cobarde como el maltrato animal). Viene y va, pero siempre vuelve; es quién nos produce las mayores alegrías, pero que al perderlo provoca una profunda tristeza. La “Número cinco”, nos acompaña toda nuestra vida y no pide nada a cambio, sólo que estemos con ella; nos acompaña en nuestros éxitos y fracasos, pero nunca nos cuestiona. Siempre que necesitamos un balón, ahí está.

Siguiendo con la analogía, es necesario que nosotros defendamos a nuestro “mejor amigo”. ¿Cómo hacerlo?, fácil, protejamos su entorno; argumentemos en pro del balón. Demostremos que el futbol es al fin y al cabo un juego; no olvidemos eso, pues ese es su estado más puro. Respetemos el juego, no dejemos que se pudra con trampas o corrupción. Juguemos por amor al juego, no por los puntos; hagamos de nuestro amado deporte un lugar donde el balón se sienta cómodo; aplaudamos las fantasías como las de Ronaldinho, Neymar, Messi y Cristiano, y reprobemos actos viles como dejarse perder, “hacer tiempo” o fingir un penal. Todo ello ensucia al futbol, y lo que ensucia al futbol, ensucia al balón.
Aquí dejamos un fragmento que engloba la idea de George Graham en su discurso ante el jurado:

"Aquellos que están más cerca de nuestro corazón, aquellos a quienes confiamos nuestra felicidad y buen nombre, pueden convertirse en traidores.

El dinero que un hombre pueda tener también podrá perderlo, volará en el momento que lo necesite.
La reputación de un hombre quedará sacrificada por un momento de locura o debilidad.

Las personas que están dispuestas a caer de rodillas para honrar nuestros éxitos, serán las que arrojen la primera piedra cuando el fracaso nuble nuestro porvenir.

El único, absoluto y mejor amigo que tiene el hombre en este mundo egoísta, el único que no lo va a traicionar o negar, es su perro."

Por Emilio Posadas Certucha

Tagsperro