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El partido (del siglo), una tesis colectiva

Dentro del recuerdo general y el imaginario colectivo, si hay un encuentro en particular que deba llevar el mote de El partido del Siglo, es la semifinal de la Copa del Mundo de 1970 entre Alemania Federal e Italia. Los noventa minutos reglamentarios terminaron con empate a un gol y ante la falta de cambios, el tiempo extra comenzó con ambas escuadras disminuidas y con Beckenbauer con el brazo inmovilizado al cuerpo. Sin embargo, la antesala por el partido final dio fuerzas a los jugadores y se anotaron cinco goles en treinta minutos, por lo que el duelo terminó 4-3 en favor de los italianos. No obstante, dieciséis años después, el Estadio Azteca fue el escenario para otro partido inolvidable, y que gracias a todo el contexto y la carga social y cultural también podría llamarse El Partido del Siglo, un tema a discusión y del que algunos argentinos, entre ellos el periodista Andrés Burgo, se suma.

Maradona haciendo un gol inigualable tras arrastrar el balón durante sesenta metros y otro más picaresco contra Inglaterra es uno de los lugares más comunes en la historia de los Mundiales y del futbol, pero cuando se tienen decenas de testigos que cuentan un pedazo de esa historia, la resignificación rebasa los límites de las imágenes y hace que un instante, un partido, se convierta en la polifonía de todos los que tuvieron algo que ver con aquel 22 de junio de 1986.

Andrés Burgo se dio a la difícil tarea de buscar a jugadores, técnicos, preparadores físicos, aficionados y toda persona que estuviera dispuesta a contar su visión del día que se forjó el mito de Diego. Algunos contactos los hizo por teléfono, otros por Skype, correo y, con quienes tuvo más fortuna, pudo sentarse a la mesa para compartir algún café o una cerveza mientras los recuerdos salían a flote como Maradona en su segundo gol ante los ingleses. Desafortunadamente, no tuve la oportunidad de platicar con un par de cervezas con Andrés, pero la emoción y el sentimiento de escribir de uno de los juegos más icónicos es algo que, incluso por mensajes de audio, me supo contagiar.

La primera vez que leí un texto referente al partido entre Argentina e Inglaterra en México 86 fue en las letras de Sacheri con Me van a tener que disculpar, una narración casi religiosa en la que nada podía decir en contra de Maradona. Después llegué a 10.6 segundos de Hernán Casciari y seguí fascinado con la síntesis y la forma de desarrollar un tema tan tocado pero de formas particulares. Confieso que cuando me enteré de que en Argentina alguien había escrito un libro completo del partido entre Argentina e Inglaterra creí que podría ser una exageración. ¿Cómo era posible que la lectura de un libro durara más que el mismo hecho al que refiere? Tardé unos meses en hacerme del texto en físico hasta que una mañana vagando por la Ciudad de México, y sin lecturas en mi mochila, decidí aventurarme a la odisea futbolística de Andrés Burgo, uno de los textos más ricos en cuanto a datos, investigación, amor y oficio que se hayan escrito en lo que se refiere al futbol.

¿Por que escribir un libro del partido Argentina vs Inglaterra en 1986 cuando existen tantos antecedentes que incluso citas en el libro?
–Porque me parecía que el género de hacer un libro sobre un partido no está muy desarrollado todavía. Hay algunos antecedentes, pocos pero hay. Creo que en Chile hay un libro sobre un “no partido” en el 73, acá (en Argentina) salió uno sobre el 6-0 contra Perú en el 78. Al comienzo quería hacer un libro sobre todo el Mundial, pero parecía que iba a ser inabarcable y preferí poner la lupa en un hecho en particular.

–¿Qué hacías cuando encontraste el dato de Mariani, el único personaje que aparentemente desconocías al saber de memoria a los jugadores, preparadores físicos, cuerpo técnico y todos los que tuvieron parte de ese Mundial?
–No escribí el libro tal como aparece. Ahora no lo recuerdo bien pero no empecé escribiendo esa parte justamente. Yo sé que me faltaba un comienzo y volviendo desde Rosario, donde había entrevistado a Giusti –entre Buenos Aires y Rosario 300 kilómetros de llanura pampeana– no tenía claro cómo iba a ordenar el libro: si el comienzo iba a ser la primera jugada del partido o lo primero que pasó ese día. Al final, decidí empezar por lo primero que pasó y el primer dato vinculado a Maradona fue el que me dio Mariani.

–¿Cuáles son los pros y contras de escribir El partido (del siglo), en el que obviamente el protagonista fue Maradona, sin tener un testimonio directo de él? ¿Cómo influye de manera positiva o negativa para el desarrollo de la historia?
–La contra es demasiado obvia, hubiese sido genial haberlo entrevistado a él, pero también hay bastantes pros. Me iba a contar lo mismo a mí que lo que aparece en el libro. Maradona ha hablado mucho del partido, de hecho ha hablado incluso de manera opuesta, se desdijo él mismo varias veces, como nos pasa a todos cuando recordamos algo tan viejo. Le pude haber hecho dos o tres preguntas diferentes, pero ya habló en los últimos 30 años de este partido así que no hubiese cambiado mucho en ese sentido. Suena confuso lo que voy a decir: hubiese sido genial tenerlo, pero al no tenerlo me obligó a buscar testimonios que todavía no estaban, a hablar con la gente que lo rodeó ese día, con los otros protagonistas, digamos. Creo que eso termina dandole más cuerpo al libro y me parece que terminó bien. Hacerme fuerte a partir de una debilidad, la de no tener a Maradona.

Hacerme fuerte a partir de una debilidad, la de no tener a Maradona. –Andrés Burgo

–En la página 99 dices que “Volver a 1986, no es solo revivir a Maradona y a los suyos, sino a mi (tu) infancia, y a todos los recuerdos de esa época”. ¿Qué recuerdos tienes hoy en día de todo esto?
–Es una época en la que yo empezaba a amar el futbol, era una época muy artesanal porque me acuerdo que mi viejo me compró el suplemento deportivo de un diario que traía todo lo del Mundial 86 y venía con el calendario de partidos. Había que llenarlo, tenía un hueco para el resultado, quiénes convertían los goles, y eso también fue, en cierta forma, empezar a ser periodista, pues yo iba llenando esos casilleros y leía. Bueno, tampoco leía tanto porque era chico, pero justo antes del Mundial también la revista El Gráfico había sacado un especial que fue espectacular, se llamaba El Maravilloso libro de los Mundiales de Futbol. Me acuerdo que lo hojeaba, miraba las fotos, los epígrafes, así que aquel Mundial para mí también empezó a ser una relación entre el futbol y el periodismo, y aunque no trabajaba de periodista sí empezaba a interesarme.

–El escritor español Javier Marías dice que el futbol es la recuperación semanal de la infancia, este partido, y en general el Mundial de México 1986 para Argentina, ¿es la recuperación de algo dentro de la memoria colectiva?
–Hay un peligro en todo esto: que quedemos atrapados todo el tiempo en el pasado. Yo lo digo en voz alta, aún siendo consciente de que hice un humilde aporte al mitificar aquel partido y aquel Mundial, pero me parece que la única forma que los argentinos dejemos de ser tan dependientes de aquel Mundial es ganando otro, por supuesto. Pero al mismo tiempo, aquel Mundial, para mi generación, seguirá siendo incomparable. Por Maradona, por la Selección, pero también porque nosotros éramos chicos y estábamos aprendiendo a amar al futbol y lo que pasa en esa época de nuestras vidas no se olvida.

Aquel Mundial, para mi generación, seguirá siendo incomparable. Por Maradona, por la selección, pero también porque nosotros éramos chicos y estábamos aprendiendo a amar al futbol y lo que pasa en esa época de nuestras vidas no se olvida. –Andrés Burgo

–En la página 19 escribes: “Esta es la crónica de aquel partido, protagonizado por un solo jugador, pero es también la crónica de una tesis colectiva.” ¿Cómo incluiste todos los testimonios de las voces que están hablando acerca de este juego, de todas las historias que corren paralelas al Mundial, a Diego, al partido y que pueden parecer intrascendentes, pero que cada una tiene su visión?
–Una de las frases, si hubiese que elegir diez frases del libro o de la historia que cuento, sería cuando digo que, si Maradona hubiese sido tenista tampoco hubiésemos hablado de este partido y si hubiese sido apátrida tampoco. ¿A qué me refiero? A que hubo un tejido colectivo detrás de Maradona, fue una especie de los sherpas, esa etnia del Tíbet que por lo general apuntala los ascensos de los grandes escaladores del mundo. Todos ellos fueron detrás de Maradona hacia su Everest, a eso me refiero con la tesis colectiva. A mí siempre me gustan los personajes secundarios, me parecen más interesantes. Porque son uno de nosotros que están ahí, siendo testigos del gran alumbramiento. No conté cuántos testimonios son, pero fueron sesiones completas del libro, terminé bastante dañado mentalmente (risas).

–También dedicas varias páginas para hablar de las cábalas y las supersticiones de la Selección Argentina. ¿Andrés Burgo tenía una cábala cuando era niño o ahora que es declarado hincha de River para algún partido?
–En aquel momento no tenía cábalas, era muy chico. Ahora sí, ahora tengo cábalas, pero para River, no para la Selección. Aparte van cambiando porque las cábalas fallan todo el tiempo, después de tres o cuatro partidos te fallan. Cuando voy a la cancha de River, si compramos cerveza en un determinado local antes de un triunfo, lo repetimos hasta que perdemos y lo que hicimos el mismo día que volvimos a ganar lo seguimos repitiendo. Y después un montón más que son inconfesables porque me dejan como un tarado emocional (risas).

–Parece que a pesar de que sólo hay cobertura de dos medios por parte de los medios argentinos, no deja de ser este el Mundial de la prensa, en donde destacan los ingleses y los mexicanos, que se valieron de todo el contexto para realizar publicaciones. ¿Para ti es el Mundial de la prensa?
–Yo creo que todos los Mundiales son de la prensa. Tal vez cada vez menos porque ahora con las redes sociales los futbolistas no necesitan tanto al periodismo, pero en aquella época era habitual y en los Mundiales anteriores también. La televisión argentina no tenía enviados especiales, por lo que todo pasaba por la radio y los diarios. Los Mundiales siempre fueron como una especie de cajas de resonancia de los últimos avances tecnológicos. El del 70 creo que es el primer Mundial televisado en directo para todo el mundo, después en el 78 empiezan las transmisiones a color y los últimos Mundiales han sido de doble o hasta triple pantalla.

Los Mundiales siempre fueron como una especie de cajas de resonancia de los últimos avances tecnológicos. –Andrés Burgo

–En la página 50 recuerdas que Maradona lideró la ruta diplomática y retomas una declaración que justo dice Diego: “si llegamos a jugar contra Inglaterra no vamos a recuperar Malvinas con un gol”. ¿Tal vez con dos sí? ¿Es una pequeña forma de recobrar algo de todo lo que sucedió años antes del Mundial?
–Yo creo que la respuesta más respetuosa que se puede dar es ponerse en el lugar de los excombatientes. Uno de los testimonios es el de Héctor Rebasti, un muchacho que atajó en las inferiores de Huracán y San Lorenzo, y él dice que aquel partido fue en cierta forma como recuperar el aire. Es una persona que vio morir a uno de sus amigos. Es ridículo comparar un partido de futbol con la guerra, absolutamente ridículo. Ahora, si alguien que estuvo en la guerra dice eso, ¿qué puedes decir? No puedes decir nada. Si ese partido le sirvió a alguno de los muchachos, pues ya está, es un partido que valió la pena.

Es ridículo comparar un partido de futbol con la guerra, absolutamente ridículo. Ahora, si alguien que estuvo en la guerra dice eso, ¿qué puedes decir? No puedes decir nada. Si ese partido le sirvió a alguno de los muchachos, pues ya está, es un partido que valió la pena. –Andrés Burgo

–Dentro del libro hay una polifonía en la que se pueden contar los testimonios, si los ponemos juntos incluso podrían ser alineaciones. ¿También esta pensado de esta forma el libro? ¿Que corra de forma pararela a como sucedió el juego?
–Mi editora, que fue Leila Guerriero me pidió que hiciera lo más parecido a un documental en forma de libro, así que ese fue mi objetivo. Por eso hay tanta cita, tanta declaración, tanto libro leído, para tener la mayor cantidad posible de testimonios.

–¿Qué es ese Mundial para ti, qué significa México 86 para Andrés Burgo?
–Es el Mundial de mi vida, claramente. Tenía 11 años, era una esponja que absorbía todo. Ése y el de Italia 90, en que tenía 15 cuando Argentina llegó a la final, fueron los dos más puros. Después los Mundiales siguieron y van a seguir, tuve la suerte de trabajar en alguno de ellos, los otros los vi como espectador, pero la inocencia y la candidez y la alegría con la que vives los primeros Mundiales de tu vida son maravillosos.

Ya para cerrar la entrevista y después de que las preguntas se convirtieron en una plática llena de emociones, le pregunté a Andrés si tenía en planes escribir un libro junto a otros representantes de la cultura y el futbol en Argentina. Su respuesta, con una humildad no fingida, digna de la coronación de un crack que acaba de convertirse en ídolo y sólo quiere jugar otro partido, lo negó amablemente.

–¿Será que algún día habrá un libro de la rivalidad Boca–River, o tal vez una recopilación de los grandes de Argentina con Caparrós, Sacheri, Casciari, Soriano y Andrés Burgo?
–No, yo estoy a años luz de todos los que mencionaste. Ellos son de Primera División o Selección Mundial, te agradezco pero yo no estoy en ese grupo. Lejísimos.

Con una risa sincera, como la del niño que era en México 86, Andrés Burgo se despidió y solamente adelantó que, seguramente, su próximo libro será de su amado River Plate.

Por: Obed Ruiz/@ObedRuizGuerra