Esféricas Insolencias: Nunca había bailado tanto

Por: Pedro González Moctezuma

Hace un año llegué a mi casa con el coche empachado de la primera camada gacetas. Cuando terminé de acomodar los paquetes en la sala del departamento se me infló el pecho y me puse a bailar. Bailé de felicidad, de orgullo y gratitud; me moví con cualquier ritmo que se presentara en mi cabeza por más de media hora. Absolutamente solo en ese momento, pero en compañía de un equipo y mi familia, que ingresaron al campo de los sueños para trotar a mi lado. Nunca, nunca en la vida había bailado tanto.

La epifanía del proyecto llegó en un salón de clases después de agarrar un periódico gratuito en una cafetería, probablemente Frente o El Fanzine. Pero Apuntes de Rabona llevaba mucho tiempo gestándose. El nombre lo tomé de mi blog de la preparatoria. Cuando tenía 17 años escribí mi primera columna sobre la mano de Henry que le dio el pase al Mundial de 2010 a los franceses. Lo disfruté como nunca, escarbando en mi inspiración encontré metáforas y puntos de vista que accidentalmente se convirtieron en tres cuartillas de mi nueva más grande pasión. Se la mandé a Barak Fever para concursar en el primer ‘Rincón Sapiens’, cuando FutbolSapiens era un sitio de culto. Recuerdo que el hoy conductor de ESPN me respondió muy amablemente el correo diciéndome que estaba bueno el texto, pero que no podía ser publicado porque estaba muy largo, pero pues que muchas gracias. Me picó la cresta. Empezar a escribir de lo que me gusta para un espacio, fue como subir a la montaña rusa, en un primer instante es difícil enfrentarlo, pero después es una adrenalina adictiva la que te atañe a la práctica.

Con meses de más actividad que otros, el blog de Apuntes de Rabona flotó en el océano del internet durante seis años. Luego, evolucionó en una gaceta y más tarde en el portal en que publico estas palabras. Aquel espacio que fundé en la adolescencia fue nada más la primera piedra que la vida me invitó a poner en la construcción de este sueño. Después vinieron las pláticas con Diego sobre la trascendencia del futbol en la sociedad, las discusiones de arte y deporte con David en los trayectos a los entrenamientos de la selección de La Salle, las largas noches hablando de táctica con Eugenio (él hablaba, yo escuchaba), los Eduardos Galeano y los Juanes Villoro, las lecciones de mi papá sobre el balompié como escuela de vida, los empujones de mi mamá a no desviarme y hacer lo que más me gusta en la vida, el reconocimiento y exigencia de mis hermanos ante cualquier proyecto que emprendiera, y la psicología, la forma en que Lorena (mi terapeuta) me regresó a mi centro. También, parte de lo que llenó esta bacinica de la creatividad fue mi paso como practicante en TDN y Ashoka, proyectos que si se fusionaran probablemente serían la competencia de Apuntes de Rabona. Detengo la lista antes de que se me desborden las palabras como se desbordaron estos elementos el día que me volteé y le dije a Shammed, que estaba dibujando a mi lado, señalándole el fanzine que estaba leyendo: “¿Y si hacemos uno de estos de futbol?”. Lo que le siguió fueron noches sin dormir, juntas sin peinarme y muchísima entrega a algo que de un día para otro se convirtió en el centro de mi vida.

Se me hacen gordos los ojos cuando escribo esto, no puedo creer que ya llevemos un año de hacer rabonas juntos. Esta columna y esta humilde servilleta rabonera que la escribe, es solo la punta del iceberg del trabajo de muchísima gente, de cada uno de los colaboradores, de quienes nos han presentado gente que ha impulsado el proyecto, de los impresores que en su momento no dormían para que se salieran las gacetas a tiempo, pero sobre todo de los lectores, una comunidad que cruzando una pierna por detrás de la otra ha caminado sobre el césped de la aventura más grande de nuestras vidas y se ha animado a pensar desde el futbol.