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Futbol: la religión del Papa Francisco

Eduardo Galeano escribió que el futbol y Dios se parecen en la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales. Sumémosle a esto los incontables casos en los que se han tachado al Vaticano y a la FIFA como organizaciones de poca confianza en cuanto a las actitudes tomadas con sus fieles. Por si fuera poco, futbol y religión no siempre han contado con una historia de hermandad, al menos no hasta que asumió el poder de la Iglesia Católica el Papa Francisco.

Algunos se preguntarán el porqué de la aseveración anterior, otros ya saben de lo que hablo antes de continuar leyendo: Jorge Mario Bergoglio no sólo es el capitán de una fe, también se le reconoce por ser un ferviente hincha de San Lorenzo. Está de más recordar cada discurso en el que el Papa se ha referido al futbol, incluso ha organizado partidos con jugadores de talla mundial para eventos de caridad, pero lo que no deja de ser una sorpresa es la forma en que se relaciona con el balón. Antes de seguir hagamos otra aclaración: no se trata de exaltar a un hombre, no defenderé ni hablaré en contra de la religión, no es mi fe. La mía, como la de muchos, es redonda.

¿Francisco lleva una cruz en la espalda con forma de portería? Posiblemente. Todos tenemos derecho a creer en lo que más nos plazca, y estoy seguro que hay quienes, como el Papa, llevan en su pecho a más de un dios.

Recién dije que estaba de más sacar a colación las palabras del Papa en las que ha inmiscuido al futbol, pero si no tomara en cuenta las últimas que hizo, frente al equipo de Villarreal, este texto ni siquiera existiría. Leo una y otra vez su comunicado y no dejo de cuestionarme si también conocerá la cercanía de Albert Camus con el futbol. A mí me ayuda mucho pensar en el fútbol porque me gusta. Pero cuando suelo pensar más es al portero. ¿Por qué? Porque él tiene que atajar la pelota de donde se la patean, no sabe de dónde vendrá. Y la vida es así, esa fue la declaración del pontífice, mientras que la del escritor argelino reveló: pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida, sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser siempre lo que se dice derecha.

Hagamos una pausa y pensemos: ¿qué jugador tiene más tiempo que el arquero para pensar en cosas que poco o nada tienen que ver con el futbol? En efecto, el portero es el único hombre dentro del campo que puede darse el lujo de ausentarse mentalmente y divagar, aunque siempre con los sentidos alerta ante cualquier aproximación rival. En ese caso, las reflexiones deben esperar hasta que el balón se aleje del área. Una oportunidad, la siguiente y no importa si está pensando en el esférico o en cualquier otra cosa, el portero siempre lleva una vida a cuestas.

Según las palabras del dirigente religioso, hay que tomar las cosas de donde vienen y como vienen. Y cuando yo me encuentro frente a situaciones que no esperaba, que hay que resolver y vinieron de acá cuando yo las esperaba de allá, pienso en el portero. Parecería rebuscado encontrar una relación más allá de lo políticamente correcto en un discurso con futbolistas, pero nuevamente pensémoslo un momento. Así es, el hombre que tiene a su cargo una de las doctrinas con más seguidores en el mundo es –metafóricamente– un portero. Ojo, no lo digo por las cuestiones que sustentaría un creyente, lo hago por la simbología de la custodia con la que guardó su antecesor, Pedro, las puertas del cielo.

¿Francisco lleva una cruz en la espalda con forma de portería? Posiblemente. Todos tenemos derecho a creer en lo que más nos plazca, y estoy seguro hay quienes, como el Papa, llevan en su pecho a más de un dios.

Por: Obed Ruiz/@ObedRuizGuerra