4359236389_7da6b11ac5_o

Suena un Goya en el pretérito

Hace algunos años, durante mi transición de primaria a secundaria, los Pumas eran invencibles. El felino era el animal más temido de la liga de futbol mexicano, y su hábitat, el Olímpico Universitario, el ecosistema más difícil para lograr un triunfo. Las conversaciones con mis amigos (aún presenciales, no digitales) eran, en gran medida, para comentar la victoria de nuestro equipo.

En aquel entonces dirigida por Hugo Sánchez, la escuadra parecía conocer la alquimia perfecta, que tienen en mente los mejores magos, para cantar el conjuro del ataque y la defensa.

pumas1

Liderado por centuriones en la retaguardia cómo Joaquín Beltrán y un joven guerrero Guaraní, que lleva por nombre Darío Verón, representaban unidos una muralla inquebrantable para los embates de los arietes rivales. En la portería, un felino siempre con ceja levantada, parecía analizar matemáticamente el algoritmo del tiro parabólico, para defender su portería sin tener que ser espectacular en sus vuelos. La media cancha de esa misma oncena contaba con una unión que ni el mismo Bolívar hubiese imaginado; Leandro Augusto cargaba en sus pies con el ritmo de una samba mexicanizada digna de una pieza de Sergio Mendes y Antonio Carlos Jobim. A su lado derecho siempre corría la saeta brasileña que casi como piloto de Fórmula 1, sus familiares llamaban Ailton. Y adelante, aquel equipo no sólo se dibujaba como un combinado universitario, sino que parecía ser la receta perfecta de un platillo que englobaba sabores de todo nuestro continente: Joaquín Botero y la altura bolivariana. Agustín Javier Delgado y el ritmo ecuatoriano. Francisco el Kikín Fonseca y el oportunismo de estar siempre en la cita con el gol. Por si fuera poco, algo había de esos Pumas, que encontraban en el Aleph argentino de los pies de Bruno Marioni, la prosa perfecta para embocar la bola en la red.

Pumas3

El equipo quedó convertido en un grato recuerdo del pretérito aquel, como un gesto que parecía quedar sepultado en algún rincón de nuestra cabeza; convencido en secreto de ser resucitado por algún detalle inesperado.

Pareciera que Memo Vázquez encontró en algún sabor o esencia, el recuerdo de la fórmula con la cual el equipo universitario regresa a los primeros lugares de la tabla. Después de varios años de una cuestionable sequía de resultados, pero sobretodo una ausencia de juego, los pumas parecen dibujar un mejor presente. Quizá y el ahora director técnico de la escuadra, no sólo estudió meticulosamente los videos de su equipo, sino que en alguna madalena, perfume o cuadro de nuestro día a día, encontró un agente que detonara una particular síntesis neuronal, para revivir las mejores memorias de los pumas. “La U” recordó cómo jugar a la pelota.

pumas2

El pasado azul y oro de esta escuadra, representa las muchas piezas de la armadura que reviste a los jugadores de hoy en día. Estoy convencido de que en los rincones de concreto de el estadio con forma de sombrero de charro, sigue guardado el eco de los goles del Tuca. No me extrañaría que a la cancha saliera, acompañando a los jugadores, Evanivaldo Castro, “el cabo” Cabinho. Y no es novedad que en el puesto de playeras del pebetero, las de Hugo y Negrete, siguen siendo (aunque retro) novedad.

pumas5

Recordar al pasado es una forma de comprobar que seguimos con vida. Nuestras memorias tienden a jugar un juego de “escondidillas” esperando ser encontradas, no por un esfuerzo o recordatorio, sino por sutilezas y los detalles. Goles que se asimilan a otros, o jugadas que quedan para siempre guardadas en el cajón del tiempo, son agentes del pasado que llaman de improviso en la puerta del presente. Queda entonces pendiente si la memoria ayuda a conjugar la estrategia del éxito, y con ello, que la afición universitaria pueda de nuevo, con el puño arriba, gritar uno de esos goyas que nunca olvidan.

Por Santiago Hernández @futsanti