¡HAZME FAMOSO! Un voto de fe

Un suceso imprevisto y ¡Zaz! el director apunta hacia mí, me llama con un gesto y, sin saber cómo llegué a él, ahora me está tomando del hombro, me especifica cuál será mi papel en la temporada.

Acto siguiente, noto caras de desconfianza, expresiones de duda porque hay alguien conocido que lo podría hacer mejor y comienzan a salir los nombres de tales prospectos, se siente la presión de estos personajes, pero ¿por qué me presiono? los nombrados aquí no están, tan grandes figuras no fueron convocadas, creo, y si lo hicieron, no aceptaron.

Luego, no me explicó las miradas juzgonas.

Quisiera que me vieran cómo a Pep Guardiola, como el billete de lotería ganador, porque también me he preparado, porque más ayuda al proyecto su aceptación y cooperación que sus comentarios y gestos de desaprobación cuando creen que no veo o escucho.

Y es que últimamente he visto como hay una fila de aspirantes para un puesto, un lugar, un espacio, y en ésta fila de aspirantes están los que son expertos y los que apenas entienden del tema, pero todos en ese momento son iguales, todos tienen muchas ganas y todos harán lo necesario para ganarse su lugar.

Entonces, demos las herramientas, contestemos las preguntas, intuyamos la necesidad y extendamos la mano para el nuevo en el juego y tengamos la certeza de que si hay éxitos y nuevos niveles más altos se alcanzan será también consecuencia de nuestro apoyo ¿de qué sirve descalificar solo por gusto personal? ¿de qué sirve vociferar las virtudes de los ausentes? ¿en qué ayuda? ¿a quien?

Muchos aspiramos a la grandeza de Kubrick, a llegar a profundidades de la psicología humana, a tener un ojo fino para la luz, a tener el carácter y el convencimiento en las palabras para tratar con actores, estrellas o no, que filtraran la idea, bueno, Stanley, también careció de todo lo mencionado antes y salió llorando de su estreno cuando la sala estalló en risotadas en su ópera prima, la cual, buscaba transmitir el dramatismo de ser un soldado en el territorio enemigo a la mitad de la guerra.

Y es que en esta nueva etapa, después del primer paso, es necesario confiar en lo capaz que se es, tener seguridad para mostrar esto que hacemos a solas y en libertad, repetirlo ahora delante de un millar de espectadores sin que nos suden las manos y nos volvamos locos.

Hace falta más que ser un viejo conocido para hacerse merecedor a la confianza de un compañero de batalla, porque ni todos los conocidos son los mejores ni todos los desconocidos serán los peores, y ambos, al final, expertos o inexpertos, lo único que necesitan es un momento de paz, un momento de seguridad, un voto de fe en ellos, para hacer surgir su grandeza.

Abraham Alcalá
@Abraham8Alcala