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Historia del Mundial: Italia 1934

En 1934 las naciones se recuperaban poco a poco de la crisis económica que los había azotado en 1929. Mientras tanto los totalitarismos en Europa se encontraban en auge, Hitler mantenía una fuerte política de industrialización que impulsaba a la nación germana para salir de la crisis económica generada tras finalizar la Primera Guerra Mundial.

Del otro lado del mundo en Sudamérica, el éxito del Mundial de Uruguay 1930 atrajo las miradas de distintas naciones para organizar la siguiente edición de este torneo, entre ellos, Francia, la Italia de Mussolini y la Alemania Nazi. La elección de la nueva sede para la Copa del Mundo de 1934 se realizó en 1932 en Estocolmo, Suecia, donde varios aspirantes presentaron sus candidaturas, pero finalmente fue Italia la que se llevó dicho honor.

La Italia fascista buscaba crear una unidad nacional, y un torneo internacional que pusiera los ojos del mundo sobre ella y que la legitimara, era una oportunidad que no podía dejar pasar. Con una política agresiva al interior del país, Il Duce no permitía oposición alguna a su gobierno. Con muerte y terror, el desarrollo económico de Italia renacía.

La propaganda mediática hacía que la popularidad de Mussolini y del régimen tuviera una gran aceptación dentro de la sociedad italiana, y el futbol creó el escenario perfecto para que Italia se presentara ante el mundo como una potencia deportiva. Detrás de la candidatura por parte de la Federación Italiana de Futbol se encontraba el poder de Mussolini para que el torneo llegara a tierras romanas.

Tras ser seleccionada como sede, Italia preparó a sus mejores jugadores e incluso nacionalizó a futbolistas extranjeros para que el representativo tuviera gran competitividad. El Mundial de 1934 sería muestra de cómo el deporte podía ser politizado, pues el dictador se valió de la intimidación de futbolistas y compra de árbitros para que los italianos se coronaran campeones.

La justa dio inicio con los octavos de final, la escuadra italiana enfrentaba a la selección estadounidense, sin embargo, esta última agotada por su juego clasificatorio ante México sólo tuvo descanso por tres días, por lo que sus integrantes estaban agotados y cayeron ante los locales 7-1. El siguiente partido fue contra la Segunda República Española, el cual terminó empatado a un gol, y como en aquella época no existía el formato de penaltis se tuvo que jugar un juego de repetición.

Los diarios de la época resaltan la pésima actuación del árbitro René Mercet dado el favoritismo para el cuadro local, lo que al final dio como resultado la victoria italiana. Durante las semifinales la escuadra azzurra sufrió ante Austria, quien quedó eliminado gracias a un gol de Giuseppe Meazza. Para la gran final el cuadro italiano enfrentó a Checoslovaquía.

Cuando llegó el descanso del medio tiempo, Mussolini se acercó al director técnico de la azzurra y le comentó que Dios le ayudase si fracasan. Ante tal hecho el conjunto italiano salió a la cancha a ganar, pues temían las represalias si no lograban el título tan anhelado. Los checos se pusieron al frente, pero Orsi y Schiavio consiguieron anotar para darle la vuelta al encuentro. Italia se coronó campeón del mundo demostrando que el calcio italiano estaba a la altura de cualquiera. Lo que realmente importó en dicho torneo fue cómo el balompié pudo ser utilizado como herramienta política y propagandística del régimen fascista.

Por: Manuel Vázquez Laguna