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Ideas por elevación: Mismas tragedias, distintas formas de afrontarlas

Hemos explorado y hablado de todas las posibles combinaciones: futbol y cocina, futbol y cine, futbol y literatura, futbol con música, pintura, moda, arquitectura y un largo etcétera. Aún sabiendo que el balompié se puede mezclar con cualquier cosa, fui sorprendido cuando vi anunciado en el Fringe de Edimburgo (un festival con una muy amplia gama de presentaciones) una obra teatral de futbol. Definitivamente tenía que ver como los herederos de Shakespeare ponían en escena una de sus creaciones (atengámonos a la historia oficial y dejemos los debates para luego, por favor). Como bien imaginé, en la obra no aparece una pelota ni una portería. Son tres actores, sentados sobre unas gradas de madera, narrando uno de los eventos más tristes en la historia del futbol inglés, y probablemente mundial: El incendio de Bradford City.

El 11 de Mayo de 1985, se jugó el último partido de la temporada de la división de ascenso de la liga inglesa. El Bradford City había conseguido su pase a la Premier el partido anterior. Los recién ascendidos se presentaban en Valley Pared (su estadio) ante su gente para culminar una temporada histórica. La ciudad era una efervescencia de felicidad. La hija rebelde que apoyaba al otro equipo de la ciudad acompañó a su familia en tan importante ocasión. Un aficionado de toda la vida y su suegro fueron a pasar un tiempo de calidad. Un pequeño de nueve años tuvo la "mala" fortuna de que su lugar favorito estuviera a reventar, por lo que se fueron a otro lado del estadio. Todo iba bien hasta que, minutos antes de terminar la primera mitad, la Vieja Tribuna que databa de principios de siglo (hecha de madera) se empezó a incendiar. Once mil espectadores en un espacio destinado a cuatro mil resultó en el caos y la pérdida de 56 vidas. Y mientras cada actor narraba cómo vivió esos momentos de horror, yo pensaba que exactamente quince días después, el túnel 29 de C.U. sería testigo de un evento similar. Estoy casi seguro que son pocos los que conocen los hechos de Bradford City, pero son aún menos los que recuerdan el túnel 29. Paz decía que los mexicanos tenemos un trato distinto con la muerte; la tratamos con menos solemnidad que en otras latitudes, y en lo personal creo que es cierto. Pero una cosa es mirar a la muerte sin mayor alboroto y otra es dejar las tragedias en el olvido. Pienso en el temblor del 85 (¡qué trágico año fue ese!) y en como en la actualidad se realiza un macro simulacro y se pronuncian discursos, pero conforme la gente que lo vivió va desapareciendo, también los relatos de esos días. Estoy seguro de que Nueva York nunca olvidará a las víctimas del 9/11, y en cada aniversario se harán documentales. El WTC se llenará de flores y habrá desfiles, películas, obras de teatro... pero no tengo esa misma confianza en el D.F. ¿Llegará un día en el que el 19 de septiembre sea solo una historia más de las que habitan en la ciudad? No es por quedarnos atorados en el dolor de la pérdida, como decían al final de la obra mientras uno de los actores amarraba su bufanda del Bradford a la baranda de la tribuna, sino para honrar a quienes con su muerte nos impulsaron a levantarnos y ser mejores. Al final, para eso deben de ser las tragedias: para demostrarnos que, como ingleses, como neoyorquinos o chilangos, como raza humana en general, no existe tragedia que nos pueda dejar arrodillados.

Por Bernardo Otaola @bernaov