Lecciones de un guisante

Por Bernardo Otaola @bernaov

Independientemente de su carisma, de su cara de niño bien portado y su apodo ridículo que causa ternura, Javier Hernández tiene una historia de esas que inspiran, que merecen ser contadas una y otra vez para levantar el ánimo. Desde su emocionante contrato con el Manchester United, sus primeros años con goles y actuaciones sobresalientes que llenaban de ilusión hasta su paulatino acercamiento a la banca y su desaparición. Una nueva etapa se abrió con el Real Madrid, pero la historia fue la misma… Hasta que se presentó la oportunidad que necesitaba. Con Benzema y Bale lesionado, Chicharito se batió como los grandes en el partido contra el Atlético de Madrid y anotó un gol agónico que se colará en las páginas de historia. Una vez más, Chicharito está en la cima, y desde ahí nos viene a recordar muchas cosas:

En primera, la valía de la actitud. Una buena actitud, de disposición, de entrega y de compromiso siempre va a abrir muchas puertas, y va a generar en las personas empatía. No por nada gente como James Rodríguez o Wayne Rooney lo felicitan. Se ha ganado el cariño de figuras de talla mundial y aficiones exigentes a base de ser buena persona.

En segunda, sobreponerse a las adversidades. Lo más duro que ha enfrentado Javier Hernández en su aventura europea, en mi opinión, ha sido la llegada de Van Gaal al Manchester. Toparse con una autoridad abusiva, prepotente, soberbia, discriminatoria (y un largo etcétera) nunca es fácil. Chicharito lo afrontó en silencio, haciendo lo que mejor sabía hacer y lo mejor que podía hacerlo, pero a veces eso no es suficiente. A veces no tiene sentido desgastarse con alguien que nunca va a cambiar. Hay un punto en que mantenerse firme en nuestras creencias es sano y necesario, pero sobrepasarlo nos convierte en idiotas. Y con esos idiotas las batallas están perdidas de antemano. Eso nos lleva a la última enseñanza del Chicharito: saber cuándo decir “hasta aquí”.

Vino una oportunidad inesperada para todos. Un cambio de aire cuando uno se siente atrapado y hastiado de la vida es la mejor opción. Sin embargo, parecía que la historia se iba a repetir. Que Ancelotti lo iba a dejar pasando sus mejores años calentando las mullidas bancas del Bernabeú. Pero aquí también entró en juego una característica escaza, pero que cuando se tiene a favor puede ser determinante: meter goles con la cara, de rebote, con las nalgas o de formas totalmente inverosímiles solamente se puede definir como suerte. Suerte que tu competencia se lesione antes de uno de los partidos más importantes del año. Lo demás ya solo fue el resultado de todo lo que he enumerado arriba.

Javier “El Chicharito” Hernández, además de darnos alegrías, risas y llenarnos de orgullo, es alguien que a través del futbol y de su propia vida nos enseña que la solución a los problemas se encuentra en la forma en que los enfrentemos, y por eso merece una ovación de pie al estilo del Santiago Bernabeú.