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Los Avispones, una exigencia de justicia

Son las 21:45 y miramos el Estadio de Iguala un 26 de septiembre del 2014, su posición es estratégica ya que se encuentra a la salida de la ciudad. Todavía queda el humo de la batalla cubriendo el campo, los Avispones de Chilpancingo le han ganado al local pero hay rumores de encuentros violentos en las calles. Así que deciden salir rumbo a casa, el día pensaban había terminado.

El autobús Castro Tours en el que iban, de acuerdo al Informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, parte rumbo a la capital. A la salida de Iguala, la policía les impide continuar con su viaje y son detenidos en un retén.

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A partir de aquí todo cambia...

Los Avispones, la importancia de una narrativa

La verdad histórica que sostiene la PGR en el caso de Iguala y específicamente en lo relativo a la desaparición de los 43 normalistas omite varios testimonios. Situación que no solo condiciona sus conclusiones sino que falsea los hechos. Ya que las narrativas que subyacen al discurso oficial son realmente quienes configuran la visión de lo acontecido. Allí donde un equipo de futbol como Los Avispones de Chilpancingo, representa una voz de lo que ocurrió aquella noche.

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Es decir una exigencia de justicia por los hechos del 26 de septiembre. Ya es momento de salir de la gramática de la represión y saber que existe otro cuyo tiempo también es fundamental. De ahí que debamos de nombrarlos. El futbol es un espacio que nos permite la articulación textual de una crítica anti-sitemática.

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Los Avispones en la noche del 26 de septiembre

De acuerdo a la verdad histórica el ataque contra el camión de los Avispones, fue una balacera. Sin embargo, los familiares de las víctimas del equipo de futbol aseguran que hubo al menos alrededor de 300 disparos. Acusan a la Policía Federal de haber retenido el autobús y por consecuencia propiciar el ataque. El cuerpo técnico y los jóvenes pedían ayuda constantemente, testigos aseguran todavía haber visto con vida a David Josué García Evangelista en el camión, pero las heridas terminaron llevándoselo junto al chofer Víctor Manuel Lugo Cortés.

De entre los testimonios que también recoge el GIEI y que coinciden con lo narrado por los familiares, es que después del ataque se les impidió acceso a primeros auxilios, amenazándolos en caso de que quisieran llevárselos. Uno de los jugadores que había quedado atrapado en el ataque le envió un mensaje a su padre diciéndole:

Papá dónde estás, regrésate nos balacearon y nadie nos ayuda, me dieron 5 balazos.

Si bien el informe del GIEI apunta a que confundieron a los Avispones con normalistas, no deja de omitir testimonios que evidencian la participación tanto de la Policía Municipal, como de la Federal y el papel del Ejército, quien de acuerdo a varias versiones se encontraba armado, situación que no contempla la verdad histórica.

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Y es que el futbol siempre se encuentra en una constante tensión, entre el deporte y la sociedad. Eran jugadores que regresaban a su casa, héroes que conocían los modos sistemáticos del balón. David tenía 15 años y era un jugador de futbol del equipo de los Avispones de Chilpancingo, una memoria que a tres años sigue resistiendo al discurso oficial, exigiendo justicia.

Por: Andrés Piña/@AndresLP2