4359236389_7da6b11ac5_o

Los Total 90 merecen una oda

Por Mariana Rodríguez

Give a girl the right shoes,
and she can conquer the world.

Marilyn Monroe

Nosotras, las mujeres, somos conocidas por pecar de tener “demasiados” zapatos. Aún cuando generalizo sé que esta no es regla universal, sin embargo, al haber sido víctima de tales acusaciones en más de una ocasión (que por cierto, no estaban nada equivocadas), siempre he notado cierta recriminación o tono de desprecio como si el comprar, adorar o estar completamente enamorada de un par de zapatos fuera algo demasiado banal como para ser tomado en serio.

En mi muy corta y tal vez ingenua experiencia, los zapatos me han demostrado que contrariamente a como vulgarmente los define Wikipedia, no son solo “un accesorio de vestimenta hechos con la intención de proveer protección y comodidad al pie mientras realiza actividades variadas”.

Pensemos en la zapatilla de cristal de Cenicienta, los Manolo Blanik de Carrie Bradshaw, los Converse lila que formaban parte del guardarropa de la Maria Antonieta de Sofia Coppola interpretada por Kirsten Dunst, las botas de charol de Julia Roberts en Mujer bonita, las deslumbrantes zapatillas rojas de Dorothy o los Asics amarillos de Uma Thurman en Kill Bill; ¿son solo un accesorio de vestimenta? ¿son un rasgo de identidad? ¿o son los verdaderos protagonistas de las historias?

Yo puedo decir que he tenido tres pares de zapatos verdaderamente significativos en vida que han sido importantes porque llegaron a funcionar en determinadas etapas como rasgo identitario de mi persona: unas zapatillas de plástico rosa, unos tenis Keds azul marino de punta amarilla y mis primeros tacos de futbol, los Total 90.

En 1525, Cornelius Johnson, el zapatero personal de Enrique VIII diseñó los primeros botines de futbol, eran de cuero, tobillo alto y más pesados que unos zapatos normales.
La evolución que les sigue (la cual ni me consta ni presencié) dicen que se vuelve verdaderamente significativa hasta los 90 con el modelo predilecto de Zidane y Beckham: los Predator de Adidas. Solo un par de años después, Nike sacó los Total 90.

Yo recuerdo el día que los compré, recuerdo la caja naranja típica de Nike y ese innovador diseño que dejaba libre el empeine porque las agujetas estaban de lado. Recuerdo la ansiedad por estrenarlos y el devoto cuidado que utilicé al guardarlos en mi mochila una noche antes usarlos por primera vez.

Los Total 90 parecían ser los tacos perfectos, eran plateados y Yhamel (una crack y súper heroína en la cancha) tenía los mismos. Sin embargo, tenían un gran defecto, pues no importaba cuánto los cuidaras o te encariñaras con ellos, no importaba si los lavabas con un cepillo de dientes después de cada partido pues no eran para siempre, ya que los tachones si es que no se rompían (como solía suceder), en el mejor de los casos iban a desgastarse hasta quedar lisos y ese, iba a ser el final de los Total 90 y así como dicen que es con el primer amor, no iba a haber otros iguales.

Nike no tardó en realizar la ofensiva labor de sacar los Total 90 II y éstos seguidos por una innumerable lista que van desde los Total 90 IV Supremacy hasta los ridículamente llamados Total 90 Laser III Shoot.

A mí el futbol, como ya les he contado, me cambió la vida, me dio permisiones y libertades que de otro modo una nena de clase media de 15 años no hubiera tenido. Me dio súper héroes cuando las hormonas en plena adolescencia no me dejaban ni soportarme a mi misma, me dio dignas enemigas en la cancha a las cuales temía y respetaba, un entrañable cariño por la camisa azurra de Totti y una mejor amiga que jugaba con el número 11; todo gracias a cambiar las zapatillas de ballet por los tacos de futbol.