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Luis Grocz, el húngaro que hizo campeón al Atlante

Recordar a Luis Grocz es recordar una época de gloria del Atlante que ha quedado eclipsada con el imperdonable paso del tiempo, aquella que formó el mítico equipo bautizado como la aplanadora morena que de la mano del técnico húngaro, conquistaría la liga en 1946-1947 y obtendría el récord de mayores anotaciones en una sola temporada en el fútbol nacional. Esta es la historia olvidada.

La aplanadora morena

Pocas cosas se saben del paso de Lajos Grocz -Luis como se mexicanizó el nombre- en el futbol mexicano. El paso del tiempo ha borrado los señuelos y pistas del camino del húngaro en el balompié nacional. Grocz, que otrora fuera futbolista del Guadalajara y del extinto Asturias, comenzó su participación como entrenador en el año de 1939, cuando el entonces dueño del equipo, el general blaugrana José Manuel Núñez lo traería directamente del New York Americans. Grocz cosecharía una serie de importantes logros con la escuadra capitalina, siendo campeón de la Copa México en las temporadas 1941-42 y ganando el título de Campeón de Campeones como resultado de la misma en el año siguiente. Para el año de 1945, el técnico regresaría después de una breve ausencia y las máximas glorias como entrenador en las temporadas del 45-46 y 46-47, siendo subcampeón y campeón respectivamente, mismo que significaría la primera corona como profesionales en su historia.

Aquel equipo de Grocz es recordado por ser parte de aquel equipo sumamente letal que por sus destacadas participaciones en las temporadas adquirió el mote de la aplanadora morena , y que sería inmortalizado en la película Los Hijos de Don Venancio. De dicha escuadra que se coronó en el Olímpico de la Ciudad de los Deportes –como entonces se refería al actual Estadio Azul– para la temporada 1946-1947, y que un año antes se había quedado a tan sólo tres puntos del campeonato (a pesar de haber registrado una cantidad récord de anotaciones todavía vigente con 121 en una sola justa), recordamos personajes y agrupaciones como la defensa de lujo compuesta por el Potrillo Villavicencio como portero, los defensas Alberto Medina y Peluche Ramos, con mediocampistas como El Negro Arizmendi, Robert Scarone el destripador de niños y La Margarita Gutiérrez, así como por una de las mejores combinaciones de atacantes de las que se tenga memoria en el balompié nacional y en la historia blaugrana: Ángel Segura, Martín El Maestro Vantolrá, Mateo Nicolau, Rafael El Tico Meza y la figura más emblemática de esta primer etapa del fútbol nacional, Horacio Casarín.

Hungría y México

El destacado técnico no fue el único húngaro que pasó por el balompié mexicano, pues recordamos a figuras que marcaron las décadas de los cuarentas y cincuentas en el balompié nacional cuando sucedió la inmigración húngara. Futbolistas como Gyorgy Orth, que fue director técnico provisional de la Selección Nacional en 1947, Gyorgy Marik que fue campeón de liga de goleo en 1956 con el León y campeón como entrenador con Pumas en 1976, el desconocido Szigfrid Rót quien fuera entrenador del desaparecido Marte FC y el entrenador multicampeón Árpád Fekete, quien llegaría a coronarse con el Guadalajara en 1959 y 1969 y con el extinto Oro de Jalisco en 1963, así como tener destacadas participaciones con equipos como los Pumas de la UNAM, a quienes les dio una Copa México en 1974, y salvando del descenso a escuadras como Tigres, Tecos, Atlante, Leones Negros, León y Atlas, que le valdría el mote de bombero por salvador de posibles tragedias.

En este sentido, recordar la participación de Luis Grocz en el balompié mexicano es también recordar una peculiar historia del futbol mexicano en donde la profesionalización del balompié nacional fue nutrida por jugadores europeos y sudamericanos. Asimismo, significa evocar una historia casi olvidada de los blaugranas, apenas recordada por sus fieles seguidores y por los herederos de aquella extinta generación que logró presenciar a este mítico equipo.

Por Eduardo Yescas