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Medio tiempo, detenido: La única vez que estuve en una (casi) pelea de futbol

Era mi cumpleaños, o el de mi hermana, no estoy muy seguro. Estábamos en el centro recreativo de la empresa en la que trabajaba mi papá. En aquellos años, esa empresa era la número uno a nivel mundial en fotografía y su planta en Guadalajara era hermosa; así que las instalaciones del centro siempre estaban muy bien cuidadas y en perfectas condiciones. Las canchas de futbol eran uno de los atractivos principales, eran muchas y todas muy verdes, así que era obligado echar “la cascarita” siempre que estábamos ahí.

Ese día había varios invitados en la fiesta y decidimos irnos a jugar futbol. Yo tenía unos 14 años. La cancha donde estábamos jugando quedaba lejos de donde estaban mis familiares así que éramos los únicos en esa zona. Conmigo estaba “el pato”, “el gon”, mi primo Dany, mi primo Ricardo y seguramente algunos más que no recuerdo. No teníamos mucho tiempo de haber empezado a jugar cuando llegó un grupo de contrincantes a “hacernos la reta”, la cual aceptamos, como los jugadores valientes y aguerridos que éramos.

Cabe mencionar que “el pato” y “el gon” eran muy buenos para jugar así que me sentí confiado en que seríamos el equipo ganador. Yo en cambio, era muy malo, pero por lo menos podría distraer a algún rival. Comenzó el juego. El otro equipo, estaba conformado por lo que parecían ser cholos, lo cual era muy raro porque no era común ver este tipo de perfiles en ese centro ya que el acceso era restringido. Pero como éramos jóvenes y fieros, no nos importó nada y decidimos vivir al límite nuestra carrera deportiva.

Como era de esperarse, los cholos empezaron a hacer cosas de cholos; nos pateaban con furia, nos miraban con desdén (como cholo que mira por debajo de su gorrito de cholo), y alardeaban de su agresividad y dominio. Empezamos a sentir ese ambiente hostil, pero seguimos jugando. En determinado momento, “el pato” le hizo una entrada fuerte al líder cholo y ¡PUM!, explotó todo su chi mientras se transformaba en el ser atemorizante y amedrentador que era. Sus subordinados cholos rápidamente se dieron cuenta de la situación y adoptaron su estado de defensa-ataque para hacernos polvo. Supongo que estaban todavía más enojados porque iban perdiendo.

Lo que no sabían nuestros amigos cholos es que “el pato” y “el gon” eran cintas negras en karate, y mis primos también hacían artes marciales, y yo, pues, me sentía confiado en ganar no sólo el partido, sino también, la pelea. Cuando el líder cholo quiso lanzar el primer ataque, “el gon” sorprendió al mundo al convertir la hebilla de su cinturón en… chan chan chan chán… ¡UNA NAVAJA! (cuando llego a esta parte de la historia nunca sé quiénes eran los verdaderos cholos). En ese momento el líder cholo se echó para atrás para replantear su ataque y no verse vulnerable ni vulnerado.

La tensión estaba a punto de hacer que nos arrojáramos unos contra otros cuando, no sé por qué, ni de dónde, ni cómo, apareció mi papá con los guardias de la empresa, quienes, con sus armas de guardias replegaron a nuestros amigos cholos y los sacaron del lugar. Los cholos, desde la calle, gritaban amenazantes cosas de cholos, como que eran los más cabrones y que nos íbamos a arrepentir y todo eso. La cosa es que hasta ahora, esos muchachillos alejados de la mano de Dios y de la paz, no han vuelto, ni me he arrepentido, y apenas me acuerdo de ellos como una anécdota más de mi desafortunada vida en el futbol, que ni a una verdadera pelea llegó.

Lo bueno es que casi estuve en esa peligrosa batalla, y lo mejor, es que estaba con amigos que podían protegerme con sus cinturones navaja y sus puños letales. El futbol es, sin duda, un cúmulo de emociones, historias y amistades dignas de no olvidar.

Por: Carlos Silva.
@TiempoDetenido

Acá un video de algunas de las peleas de futbol más "brutales":