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Música y Futbol en México

Por: Moisés Anaya

Difícil es pensar el futbol sin música. Quizá algunos no se hayan percatado de lo anterior, pero en el rey de los deportes la melodía, los cantos y las referencias de esa arte no quedan excluidas, al contrario, forman parte de la vivencia del juego. Muchas son las manifestaciones que dan cuenta de este hecho, la primera inevitablemente habrá de referir a los cánticos de las hinchadas mexicanas y su correspondiente banda musical, la cual, mediante el bombo, las tarolas, las trompetas, trombones y platillos, acompañan la garganta de los aficionados en los estadios. La segunda, los himnos de los equipos de futbol que, aunque a muchos no les agrade la producción musical que se hizo al equipo, no pueden dejarse de lado, algunos de los más conocidos son el del América, las Chivas, los Pumas y el de los rayados de Monterrey. Pero independientemente de lo anterior, hay que recordar la música dedicada al futbol fuera del campo de juego.

Desde sus inicios los hooligans ligados al punk y al oi! (también conocido como street punk) son muestra de esta relación en los orígenes de aquel movimiento en Europa. En el continente americano, la murga y la cumbia villera han sido la bandera rítmica de las barras brava, puntualmente en la Argentina. México no es la excepción, ya que desde la década de los años sesenta se dejaba sentir la emoción por el fut. El grupo de Rock and roll: Los Silver Rockets describían el desborde por los Pumas de la UNAM en su canción: Zombie universitario, de igual manera tenían una, pero dedicada para el equipo de americano llamada: Uni rock. Tal vez no sea descabellado mencionar a la banda de este mismo género: Los Hooligans.
No se podría dejar de mencionar a La Sonora Santanera con aquella canción llamada: La pachanga del futbol, un estilo netamente nacional de las “Grandes bandas” de aquellos años y cómo olvidar la versión atlantista, que hace recordar la pasión que desataban los prietitos a inicios del pasado siglo. Sin embargo, a pesar de los nostálgicos sonidos del México viejo, la novedad desde finales de la década de los noventa y principios del siglo XXI, ha sido la reincorporación del balompié en las denominadas subculturas; punk, skinhead, ska, reggae y surf. El rock en general ha virado hacia la actividad que hace que la gente se olvide de la monotonía logrando combinar dos goces: su género musical favorito y el más bellos de los deportes.

No es raro ver desde hace casi dos décadas, principalmente a jóvenes ya sea con crestas o rapados y con botas, acudir a las gradas de la liga azteca. Jóvenes que han sido parte del inicio del movimiento de las barras del futbol en nuestro país, tal como lo fueron los iniciadores ingleses en su momento en sus respectivos barrios y ciudades. A partir de entonces, los ruidos estridentes han tenido presencia, para maleficio de muchos, en las patadas del campo sagrado, dado que

la combinación: violencia + cerveza + música + actitud contestaria da como resultado una tribuna de futbol llena de hinchas críticos hacia la sociedad, a su gobierno, a la policía y todo lo que simbolice represión.

Aquellos elementos se entremezclaron en el contexto de mediados de la década de los noventa en la que la sociedad mexicana vio la crisis económica, el levantamiento de los zapatistas, así como la huelga de la UNAM. Muy pocos eran los espacios musicales para hacer valer la voz de los jóvenes. Es en esa etapa donde las barras mexicanas nacieron, uno de sus primeros pilares de atracción fue, al menos en el caso de la Ciudad de México, las bandas de ska argentinas, pues sus canciones eran adaptadas para ser cantadas en las tribunas.

Peñarol