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Ojalá el futbol estuviera arreglado

Yo me dedico al teatro.
Y soy fanático del futbol.
Pero si estuviera arreglado, lo sería aún más.

Si el futbol estuviera arreglado, el concepto de fanático quedaría muy corto para mi pasión.
Si estuviera arreglado, llamarle pasión sería un eufemismo.
Si estuviera arreglado, las vanguardias teatrales serían niñerías.

Si el futbol estuviera arreglado, se detendría el mundo.

La conmoción de ser testigos de la ejecución perfecta de veintidós actores (si el futbol estuviera arreglado decirle actor al futbolista sería tachar de alquimista al científico) provocaría que la Tierra girara en sentido inverso.
O algo mayor.

Ojalá el futbol estuviera arreglado.

Si así fuera...

Los futbolistas no son humanos.
Son clones.
Perfectos.
Un clon para cada partido.
Cada función.
Clones capaces de los más altos niveles de depuración corporal, gestual, emotiva.
Y siempre con maestría.
Con la maestría de la fiabilidad y lo sublime.

Si el futbol estuviera arreglado cada jugador necesitaría una vida de ensayos para un partido memorable.
Uno solo.
Una vida de ensayos para, quizás, el rol del perdedor.
El del imbécil.
El del yerro.
El autogol.
Una vida de ensayos para una vida de humillaciones.
El desapego total.
El actor perfecto.

Si estuviera arreglado...

¿Quién es el genio que dirige ese espectáculo?
¿En qué cancha ensayaron Corona y Benítez para la jugada en tiempo extra en la que con las uñas saca un tiro que iba al ángulo?
¿Y las dos de Moisés al final del partido?
¿Y el roce de espinilla en el heróico dos uno?
¿Cuántas repeticiones les implicó?
¿Cuántas veces ensayaron los resbalones con lluvia?
¿Quién diseñó las expresiones de Miguel Herrera?
Lo desencajado de Guillermo Vázquez.
¿Se puede ver un ensayo?

Si estuviera arreglado...

El teatro ha muerto.
No hay un evento escénico que pueda competir con semejante depuración.
No hay un sistema dinámico que se le acerque.
No hay un universo de azar controlado que siquiera sugiera algo así.

Si el futbol estuviera arreglado, pensar en las horas de ensayo que lo ocurrido el domingo 26 de mayo de 2013 en el Estadio Azteca necesitó, bastaría para creer en Dios.
Pensar que poco más de veintidós personas coincidieron en hacer un evento así, la preparación detrás del asunto, la veracidad de sus acciones, la ferocidad de su expresión, el alcance de la frustración, los arcos emotivos... bastaría para hacer del fanatismo deportivo, una secta teatral.

Si el futbol estuviera arreglado, el teatro sería la cúspide de la humanidad.

Es una lástima.
Es una lástima que el futbol no esté arreglado.
Es una lástima que sólo sea salvaje.
Es una lástima que lo ocurrido el domingo sólo pueda ser catalogado de milagroso; no de ensayado.
Es una lástima que la técnica de quienes hacemos teatro ni siquiera aspire a esos niveles.

Es una lástima que el teatro no pueda abarcarlo todo.
Es una lástima que el futbol no sea nuestro.
Es una lástima que sea de todos.
Porque lo cuidan.
Y nunca dejarán que el teatro se le acerque.

Es una lástima que el futbol no sea teatro.
O el teatro, futbol.

Por David Gaitán / @gaitan511