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Pablo Neruda y su amor por el balompié

Tenían que aprovechar una ocasión tan bella. Había que ametrallarlo porque jamás renunciaría a su cargo. Escribe el poeta Pablo Neruda en la última página de su libro de memorias: Confieso que he vivido. Sus palabras van dirigidas al pueblo de Chile y en homenaje a Salvador Allende cuyo gobierno había sido depuesto ilegalmente mediante un golpe militar. Estamos en 1973 y la represión está a la orden del día en toda Latinoamérica, pero sobre todo en el hogar de Violeta Parra y de Gabriela Mistral.

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Es quizá en ese último ejercicio de resistencia poética frente al horror que el poeta recordaría sus viajes, persecuciones y huidas al amanecer. Un lugar de la nostalgia que abraza la tristeza lo mismo que la alegría. Allí donde Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, mejor conocido como Pablo Neruda, es un hincha del Atlético Magallanes. Equipo fundamental para empaparse del verdadero amor por el balón. Fundado el 27 de octubre de 1897, siete años antes del nacimiento del autor de Canto General, quien tomaría de Jan Neruda el nombre de guerra que lo acompañaría toda la vida. El Magallanes por otra parte, vivió su época de oro durante los treinta, tiempo emblemático para Neruda que cierra la década peleando por la República Española en la Guerra Civil.

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Los poetas viven en la intimidad de las palabras, la realidad toma allí entonces un matiz que se nutre de sensibilidad y coraje. Pensemos en un William Carlos Williams significando una carretilla, imaginemos a un Premio Nobel soñando con un gol. De acuerdo al escritor José González Vera, fue durante el liceo que Pablo Neruda practicó el deporte del balompié. Sin embargo al parecer no era muy virtuoso, situación que de ninguna manera oscureció su pasión por la pelota. En Crepusculario escribe un poema hermoso titulado Los jugadores, donde narra la épica del balón y el toque. A un tiempo melódico y tímido el poeta chileno susurra:

Juegan, juegan./Los miro entre la vaga bruma del gas y el humo...

Pablo Neruda falleció un 23 de septiembre, perseguido y condenado. Creyendo que el futuro había muerto, sin embargo acá seguimos cantando los actos heroicos en la cancha. Soñando que un día regresará aquél que desapareció. Festejando con alegría junto a Salvador Allende, como entre la terna del Nobel ganó Neruda. Un campeonato de la memoria donde dejo atrás a Beckett y a W.H. Auden.

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Por: Andrés Piña/@AndresLP2