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Papá canguro

A escasos 5 minutos de nacido. Piel con Piel. Mis brazos, más largos que todo su cuerpo conseguían mantenerlo pegado a mí. Resumiendo en unos instantes lo que mi esposa vivió durante 9 meses y dándome una probadita de lo que nos espera el resto de nuestras vidas.

Acabo de convertirme en padre por primera vez. Todo eso que me habían dicho respecto a tan esperado día es verdad y se queda corto. Sumando todas las atajadas que he realizado como portero, más todos los triunfos que he vivido con mis equipos a lo largo de cerca de 10 años de carrera, apenas asemejan un pequeño porcentaje de la alegría y felicidad que sentí al ver nacer a mi propio hijo.

Con tan mágico evento he vivido una experiencia que deseo compartirles: Papá Canguro, el programa implementado en el Hospital Ángeles donde nació mi hijo.

Consiste en fomentar y fortalecer el vínculo entre padre e hijo inmediatamente al nacer. Siempre y cuando la salud y condiciones del recién nacido lo permitan, el padre es quien se hace responsable del bebé en todo momento hasta que la madre esté en condiciones de amamantar y pueda regresar a su habitación. Te visten con una bata especial para poder estar en contacto piel con piel con tu hijo durante todo ese periodo.

Ese día conocí un nuevo amor el cual hemos decidido llamar ILAN.

Cinco horas antes mi esposa había comenzado con las contracciones. Todo mi respeto y admiración. Me rindo a los pies de mi mujer y de todas las madres que deciden vivir el parto de manera natural. Existen compañeros o rivales que admiramos por su valentía, les llamamos guerreros, son puro corazón, entrega, defienden con mucha garra. Con su pasión contagian al equipo. Pues me atrevo a decir que después de presenciar un parto natural, estas valientes mujeres les dicen "quítate que ahí te voy" a esos gladiadores del futbol.

Inmediatamente después de escuchar el llanto de la nueva vida, el ginecólogo me invita a cortar el cordón umbilical. Una vez cortado, el pediatra pone a Ilan sobre el pecho de mi esposa. Pocos minutos después y tras la limpieza correspondiente una de las enfermeras me pide que me acerque para recibir a mi hijo. Mi esposa le entrega el bebé al pediatra quien me indica que es momento de abrir la bata para dejar mi pecho al descubierto. Mi vida se cuenta por un antes y un después de ese momento.

Desde pequeño mi TODO era el futbol, como por ahí decía alguna publicidad: comía, vivía, soñaba futbol. Yo lo seguía al pie de la letra, el futbol siempre determinó el rumbo de mi vida. Mi debut como portero profesional en primera división era mi máxima realización, mi mayor logro, un sueño hecho realidad. Ser papá es aun mejor.

Teniendo ya a mi hijo en mi regazo; pediatra, ginecólogo, enfermera y anestesiólogo continúan con sus actividades casi ignorando por completo que yo estaba ahí presente, por un momento me sentí aturdido. ¿Que hacía yo con una criatura tan indefensa y dependiente de los demás? Sentí una abrumadora responsabilidad. Me quedé atónito ante la indiferencia del personal del hospital, llegué a considerarlos irresponsables por dejar al bebé en manos de un inexperto y aunque feliz, todavía inseguro e inexperimentado padre. Y así fue por los siguientes 50-60 minutos, hasta que la madre despertó de una pequeña siesta recuperadora para comenzar la lactancia materna.

Durante esa hora, todas mis facultades, mi concentración y atención le pertenecían a Ilan. Cada minuto que pasaba se llevaba parte de mi inseguridad y los nuevos instantes llegaban con más confianza. Esta experiencia me ha ayudado mucho para interactuar mas con mi bebé y participar con mas confianza y seguridad en su aseo personal y cuidados. Pero sobre todo me quedo con esa conexión de amor que tuvimos con lenguaje no verbal mientras lo tomé en mis brazo durante sus primeros instantes en este mundo.

Aunque en un principio creí que quienes debían encargarse del bebé eran los especialistas y expertos, o sea personal medico, hoy puedo reconocer que no existen los expertos en el área.
A un mes de vida es increíble que mi hijo sea capaz de enseñarme tantas cosas, ya tendré la oportunidad de educarlo y mostrarle el mundo. Por el momento es él quien me enseña a ser padre.
Deseo que esta experiencia que les comparto la vean como una analogía con respecto a los proyectos que tengan en puerta, que recién hayan comenzado. Existen muchas responsabilidades que adquirimos creyendo que no estamos listos, que no somos capaces, que aunque lo hayamos deseado de corazón nunca desaparecen las dudas sobre si lo lograremos o no. Seamos el Papá Canguro de nuestros compromisos, tareas y retos. Entreguemos lo mejor de nosotros, sabiendo que seguiremos aprendiendo sobre el andar y que nos retroalimentaremos con cada paso que demos.

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