¿Por qué le voy a las Chivas?

Muchas de las veces adquirimos las creencias, convicciones, tradiciones o costumbres que tenemos o profesamos, a través de situaciones poco relacionadas con las mismas; por ejemplo, las distintas razones que tenemos para hacer el súper en un lugar específico, o para escuchar tal o cual disco al viajar en carretera, o para cenar en cierto lugar después de un acontecimiento importante. Algo así me pasa con mi afición por las Chivas.

Mis Chivas que a pesar de todo les sigo creyendo, les sigo yendo, y las sigo defendiendo. Mis Chivas que a veces me han hecho sentir como la esposa golpeada que no quiere dejar al marido. Mis Chivas que muchas otras veces me han hecho creer que soy Leonardo DiCaprio tomando de la cintura a Kate Winslet en la cubierta del Titanic gritando -I’am the king of the world- a los cuatro vientos. Mis Chivas que me lo han quitado todo, y me han dado mucho más.

Me puse a pensar por qué le voy a las Chivas y concluí que mi afición se ha definido por tres grandes componentes:

1. Cuando era un pequeñuelo que no sabía ni qué: Recuerdo que desde niño mi madre le iba a las Chivas, un día le pregunté por qué y me contestó que era un equipo que jugaba sólo con mexicanos y que eso era digno de reconocerse. En ese momento comencé a entender el orgullo por haber nacido en México y la importancia de darle su lugar al talento nacional. Además eran el equipo de mi ciudad, la bellísima Guadalajara, y entonces me surgió también el orgullo por vivir en la tierra de El Rebaño Sagrado.

2. Cuando era adolescente que no sabía ni qué: Tuve una novia con la que duré muchos años y una de las cosas que me impactaron cuando conocí a su familia, fue la profunda e inamovible convicción de su papá y su hermano de irle a las Chivas. No se perdían ningún partido, iban al estadio con frecuencia y vivían la pasión de las victorias y las derrotas al máximo; así que me contagiaron un poco de eso. Después me descubrí yendo al estadio, esperando el partido, enojándome o sufriendo cuando perdían, o siendo feliz cuando ganaban. Además, por supuesto, me sirvió para caerle bien a mi suegro que al final de esa relación ya me decía, de cariño, bombón (el milagro de irle a las Chivas).

3. Cuando decidí nunca de los nuncas irle al América: Luego estuve más grande y una de las cosas de las que estuve muy seguro, es que nunca, bajo ninguna circunstancia, le iría al América. Y lo decidí más por sentirme Chiva que por alguna aversión específica al eterno adversario. Lo que sí es seguro es que no hay poder humano que me haga sentir empatía por el equipo aquel, y eso mismo me acerca más a mis Chivitas, las dueñas de mi corazón semifutbolero.

En resumen, creo que cualquiera de esas tres razones ha sido un buen pretexto para adoptar la afición a mi equipo. Me gusta irle a las Chivas y serle fiel a esa convicción, me gusta su tradición de jugar sólo con mexicanos, y sobre todo, me gusta su afición, que no nos vamos.

Se acercan tiempos mejores, y los campeonatos con ellos.

Por Carlos Silva @TiempoDetenido

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