Preguntas múltiples: ¿Dónde están los dieces?

Por Emilio Posadas Certucha

La memoria es como el mar: uno gusta de ella, pero se adentra con cautela; la memoria, al igual que el mar, atrae en sus formas pero cuando menos se espera derriba, da vueltas o ahoga. La memoria y el mar comparten el no saber qué traerá consigo “la marea”. Se conducen ambos con una intimidante arbitrariedad. Condición digna de admiración y curiosidad.

Fue precisamente la “marea de la memoria” la que me hizo recordar a jugadores como: Totti, Del Piero, Riquelme, Aimar, Maradona, Kaká, Ronaldinho, Zidane, e incluso, Cuauhtémoc Blanco.

Estos ídolos de la infancia compartían no solamente el mismo número en la playera, sino lo que éste representaba. Sí; representaba, porque ya ese "signo" ha adoptado un nuevo significado.

Es por todos sabido que generalmente el mejor jugador de un equipo suele portar el dorsal #10. Evidente resulta que dicho hecho no es obra de la casualidad, por lo contrario, es producto de jugadores como los antes mencionados que construyeron una filosofía de juego a partir de sus cualidades.

Existe algo en personajes como Totti o Zidane, que los hacía diferentes; aquella característica que los volvía dieces. Ésta era su claridad con el balón, era la genialidad de saber qué hacer ante las circunstancias, producto de un temple fundado en la confianza y en la seguridad que brinda saberse capaz.

Si bien todos estos jugadores son, fueron y serán ídolos, hoy en día suelen aparecer sólo en la memoria. A veces tan engañosa ésta y geniales ellos que se podría pensar que esas piruetas, goles, pases, regates, etcétera, son en realidad producto de la imaginación, ya que, en el futbol actual ya no se ve un desenvolvimiento así por parte de aquellos que están en el campo.

La pregunta es obligada: ¿Por qué? Múltiples respuestas surgen al plantarse dicho cuestionamiento, sin embargo, en mi opinión la “extinción de los dieces” proviene de algo que ha afectado a todo el deporte: la inmediatez.

El futbol ya no es más un deporte en donde la técnica sea lo más importante. Se ha convertido en un deporte de alto rendimiento, en el cual queda poco espacio para los túneles, las gambetas y las recepciones exquisitas. Ahora el futbol consiste en la velocidad. En meter el gol lo más rápido posible; en llegar al arco rival tan pronto se pueda. Es un juego de “acción- reacción” y por lo general la mente no puede mantener dicho ritmo o funcionar de tal manera, al menos no con la “inmediatez” necesaria. Esto no significa que se le deba restar mérito al futbol actual, solamente es una probable explicación para que desde sus inicios un niño deje de pensar en ser el más habilidoso e iluminado con el balón, y en su lugar piense en ser el más rápido, alto y fuerte. ¿Acaso no es eso lo que vemos en Cristiano Ronaldo? El ahora Balón de Oro, tiene una técnica privilegiada sin duda, pero no está ésta al nivel de su potencia y fuerza.

Como aficionados no queda más que esperar que pronto surja alguien que traiga consigo esa versión romántica llena de nostalgia, visible por la “corriente de la memoria” y el pasado, del número 10. Mientras tanto, hay que saber valorar a esos jugadores “híbridos”, que en la medida de lo posible han logrado sincronizar pensamiento y reflejos, dando tintes sutiles del viejo perfil asociado al “Diez”.