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Por: Andrés Piña/@AndresLP2

Para una primavera:

Estamos en 1968 y las violentas rosas blancas del deshielo soviético se levantan. Jan Patočka predica en la primavera de Praga desde la clandestinidad, la filosofía es un fusil que despierta al primer grito del alba. Václav Havel monta una obra que no es sino la vida misma, su propia representación, el intelectual y la sociedad. Socialismo y democracia, allí donde Checoslovaquia se levanta feroz para dar un último zarpazo, se encuentra el sueño de toda una era.

primavera de praga

Camisas rojas por todas partes, voces y gritos, proclamas. Tanques soviéticos que se enfrentan a una flor. Josef Masopust se lleva el Balón de Oro en mil novecientos sesenta y dos, subcampeones en Chile, más adelante no lograrán clasificar al Mundial del 66 ni tampoco a la Eurocopa del 68. Un campeón sin corona, un país de la memoria. Adolf Scherer cruza el balón ante la salida del portero, toda Checoslovaquia de pie, atrás quedó el frío invierno. Despierta muchacha, mira el recuerdo de un país en plena época de las máquinas. Estamos en 1968 y por las calles de Checoslovaquia queda la imagen de toda una época. Fútbol y democracia, sociedad y revolución. Figuras que se construyen en la resistencia.

Adolf Scherer cruza el balón ante la salida del portero, toda Checoslovaquia de pie, atrás quedó el frío invierno