Honeyball: Mujer que sabe latín (o de futbol) ... no tiene marido, ni buen fin.

“Las mujeres sólo pueden estar en los Juegos Olímpicos para
adornar las frentes de los ganadores con guirnaldas”

Pierre de Coubertin

Comúnmente se dice que la historia la escriben los vencedores y se podría decir que la batalla entre opuestos que más ha durado hasta el día de hoy no es entre palestinos e israelíes, sino entre hombres y mujeres, tal vez porque el género es la primer característica que define (o sentencia) nuestra identidad. En esta batalla, desde el inicio y sin previo enfrentamiento se le dio el puesto del vencido a la mujer .

Rosario Castellanos, en su libro Mujer que sabe latín…, plantea que “la historia es el archivo de los hechos cumplidos por el hombre, y todo lo que queda fuera de él pertenece al reino de la conjetura, de la fábula, de la leyenda, de la mentira”, a partir de esta definición la autora habla del lugar que ocupa la mujer dentro de la historia, la cual “más que un fenómeno de la naturaleza, más que un componente de la sociedad, más que una criatura humana, es un mito”.

El futbol, o más bien la historia del futbol, forma parte del gran archivo, y no es cualquier fragmento de éste, sino uno en el que se puede ejemplificar con gran éxito “la mujer como mito” de la que Rosario Castellanos habla. Bien sabemos que aún entre hombres jugar futbol y hablar de futbol son cosas distintas, entre mujeres funciona igual, sin embargo, aún cuando me aventuraría a decir que existe una mayor aceptación del género masculino ante el futbol femenil y que estadísticamente se afirma que se ha dado un significativo crecimiento de éste, el discurso que se utiliza para narrar tales hazañas no ha sido modificado, es decir, el dominante hegemónico que sigue dictando la historia es el hombre, incluso, diría el periodista español José Luis Dader, en los casos en los que las redactoras o narradoras son ellas mismas: mujeres.

Las cosas están así: las mujeres ya podemos jugar futbol pero aún no podemos opinar sobre éste, pues la lógica excluyente que nos sentencia a no ser valoradas como lo que somos sino por lo que no dejamos de ser y dónde destacar implica “jugar como hombre, golpear como hombre o correr como hombre” se ha ido difuminando para trasladarse al ámbito del periodismo deportivo, en donde la mujer, nuevamente, solo puede ser reconocida si encarna alguna representación estereotipada, esta vez, en lugar de ser estigmatizada con características varoniles se vuelve objeto estético.

Parece ser que aún sin méritos deportivos o periodísticos la mujer estéticamente agradable (exuberante), capaz de realizar un comercial para La Costeña, participar en un reality de baile o posar para la portada de alguna revista para formar parte del fenómeno sporno es aquella que pasa a tener ya no digamos voz, sino presencia dentro del periodismo deportivo.

“Supongamos, por ejemplo, que se exalta a la mujer por su belleza. No olvidemos, entonces que la belleza es un ideal que compone y que impone el hombre y que, por extraña coincidencia corresponde a una serie de requisitos que, al satisfacerse convierten a la mujer que los encarna en una inválida si es que no queremos exagerar declarando, de un modo mucho más aproximado a la verdad, que en una cosa”, aún cuando Mujer que sabe latín... fue un libro publicado en 1973, los resultados de la incursión que hace Rosario Castellanos en el entonces actual polémico tema del feminismo aún hacen eco entre nosotros, y así como en muchos ámbitos, en el periodismo deportivo es más que evidente, por eso vemos como representante del género femenino a Jimena Sánchez dando noticias en FOX Sports en bikini o el nombre de Inés Sainz en artículos que llevan de encabezado titulares como: “10 sexy-conductoras ¡mira nomás que belleza!” o “Televisa y TV Azteca pelean por tener a las conductoras más bellas en Brasil”. Mientras tanto, dentro del género masculino, Faitelson sabe que para su fortuna su puesto no depende de cumplir un ideal de belleza masculino.