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Sacheri solo quería escuchar su nombre en el radio

La primera vez que conocí a Eduardo Sacheri fue con su libro La vida que pensamos. El argentino me sorprendió con cuentos e historias geniales alrededor del balón en las que más de una vez me vi reflejado. Destaco El cuadro de Raulito por la manera en que retrata cómo se forja el irrompible vinculo entre hincha y club; Por Achaval nadie daba dos mangos le debo la manera en la que me boté de risa y su final sorpresivo que raya en el realismo mágico y Los traidores, porque al amor muchas veces le gusta vernos sufrir...

Cuesta pensar que este genio no quería más que ser famoso cinco minutos por radio.

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En 1996, Sacheri dejó sus cuentos de futbol en el programa semanal de Alejandro Apo. Pasó una semana sin que se escuchara lo que había escrito. Fue hasta el siguiente sábado cuando Apo leyó Me van a tener que disculpar, la carta que bien le puedo escribir cualquier argentino agradeciendo a Diego Maradona por las alegrías cumplidas. Cuando reconoció sus letras saliendo por los altavoces, le habló a su esposa para que grabara todo en un cassette. Mis metas literarias siempre fueron muy modestas: yo solo quería oír mi nombre en la radio. El profesor de historia que escribía como hobbie con un trapo sobre las teclas de su máquina de escribir, para no despertar a su esposa había logrado su objetivo.

Hinchas del Atletico Independiente, el club de Sacheri

Hinchas del Atletico Independiente, el club de Sacheri

Un padre que murió cuando él tenía diez, una hermana que le enseñó a leer cuando él tenía cuatro, y años de observación y llenos de vivencias fueron los precursores de sus historias; el objetivo era simplemente responderse preguntas y exorcizar sus propios demonios, como quien va al parque a jugar futbol no porque sueña con jugar para su selección, sino por el simple, puro y catártico placer de patear la pelota.

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Y a pesar de que han llegado premios y reconocimientos -entre ellos un Oscar a mejor película extranjera por la adaptación de su novela La pregunta de sus ojos-, para Sacheri la vida sigue siendo simple. Como los textos que escribe, todo gira en torno a la vida común de personas comunes a las que si se les aplica una óptica y una narrativa adecuadas, pueden llegar a ser extraordinarias. Ahí la importancia del futbol: nada más común que eso, pero que cataliza los sentimientos y las emociones humanas.

Por: Bernardo Otaola/@BernaOV