4359236389_7da6b11ac5_o

Selección nacional. La soberbia y el rechazo a la crítica

Luego de la vergonzosa actuación de la escuadra tricolor en la Copa Oro, Juan Carlos Osorio, director técnico de la Selección Mexicana, fue recibido en las inmediaciones del aeropuerto de la Ciudad de México por un cúmulo de personas que a través de insultos y gritos, pedía su renuncia. La reprobable actitud de este grupo generó una contrariada reacción mediática entre quienes, aunque cuestionando los modos, reconocían el derecho del aficionado por manifestarse y consternar sus inquietudes y quienes, por otra parte, oportunistamente adoptaron la violencia del suceso para generar apologías propias, ante lo que pareciera ser un exceso de críticas que tanto aficionados como periodistas han generado en los últimos años hacia cuerpos técnicos, jugadores y directivos del balompié nacional.

Hasta al máximo goleador lo han querido fuera de la selección.

Tras la viralización del video donde observamos a Osorio incómodo y cabizbajo ante los insultos, jugadores de la Selección Nacional manifestaron a través de twitter su apoyo al colombiano, así como su rechazo a las violentas formas de expresión. Javier Hernández, Oribe Peralta y Diego Reyes, entre otros, fueron los principales futbolistas que externaron su indignación, haciendo alusión al incidente como parte de una coyuntura nacional de violencia y falta de objetividad hacia los cuestionamientos en lo deportivo.

Por su parte, el ahora delantero del West Ham United, Javier Hernández, publicaría una pequeña carta a través de su cuenta de Twitter en donde realizaba la apología a las críticas sobre Osorio, argumentando que futbolistas de gran envergadura en la historia del futbol mexicano como Hugo Sánchez, Rafael Márquez y él mismo, auto referenciándose como el máximo goleador de todos los tiempos, han sido en su momento también duramente criticados. En este sentido, Chicharito daba ánimos a su entrenador, sugiriéndole entender además, que aquellos que se atrevían a criticarlo resultaban ser una minoría ya que somos más los (mexicanos) que queremos mejorar a este país, que queremos ser mejores mexicanos y que queremos un México mejor en todos los ámbitos. Aunque si bien el mensaje de Hernández refería a que lo ocurrido en el aeropuerto bien podría ser un fenómeno aislado, lo cierto es que la ambigüedad de las palabras del atacante nos sugería más una generalización y graves problemas que son también reflejo de una preocupante situación coyuntural: la nula aceptación de cuestionamientos y la fácil salida del futbolista mexicano por liberarse de la crítica a través del nacionalismo.

Por un lado, Hernández, al expresar que somos más los que queremos mejorar, sugería, aunque siempre hablando desde la ambivalencia, que aquellos que critican (o criticamos) a los técnicos y a sus procesos, no somos parte de la mexicanidad ideal ni mucho menos, podemos ser parte de los mexicanos que aspiramos a construir una mejor realidad nacional. Y es que daría la impresión que cuando el futbolista se refiere tanto a Márquez como el único jugador (mexicano) en la historia en ganar dos Champions League como a él mismo como una suerte de héroe futbolístico, el atacante habla de una suerte de héroes nacionales, figuras que no importando la circunstancia son el referente automático de una mentalidad que busca mejorar al país. De tal modo que, a través de este lugar común del seleccionado como prócer nacional, que es necesario mencionar, no es un incidente aislado ni mucho menos un fenómeno menor, el futbolista tiene la oportunidad de crear tangentes respecto a sus actuaciones, a sus propias violencias, a negar las críticas que se hacen necesarias luego de un desastroso verano por parte de las selecciones en sus dos torneos oficiales.

Preferible estar con el criticado que con los que critican.

Como resultado del mismo suceso, el atacante americanista Oribe Peralta publicó en su cuenta de Twitter algunas aseveraciones que nos confirman esta suerte de soberbia que hace que los futbolistas se consideren a sí mismos, apoyados por el contexto mediático de las televisoras y patrocinadores, como personajes intocables. Preferible estar con el que critican a ser de esas almas tímidas que critican a los demás por temor a ser criticadas, fueron las palabras con las que Peralta nos daba a entender la misma idea escondida tras el confuso mensaje de Chicharito sobre el rechazo a los cuestionamientos, haciendo además una clara referencia no sólo a aficionados, sino también a medios de comunicación y periodistas.

En este sentido, Peralta, de manera análoga a los mensajes de Hernández y de otros futbolistas, recurriría al lugar común de la víctima para crear tangentes de sus malas actuaciones y de sus propios errores. Bajo esta idealización del mártir futbolero, al que no se le reconoce el esfuerzo y sus sacrificios (por la patria), se desvía la atención a los cuestionamientos al mismo tiempo que el futbolista tiene la oportunidad de crearse una imagen autorreferencial como ejemplar, como buen mexicano, que no se detiene a criticar sino que únicamente trabaja y tiene un afán por mejorar. Y, contrario a estas figuras victimarias estamos nosotros, las almas tímidas que desde la comodidad no podemos cuestionar a quien merece ser cuestionado, a quien, por mencionar algunas de las incoherencias dentro del contexto actual del futbol, percibe beneficios y salarios estrafalarios que equivaldrían a una cantidad quimérica de años de trabajo del aficionado común. No se le puede cuestionar al futbolista, puesto que por un lado, esto implica cuestionarnos nuestro nacionalismo, nuestros valores y nuestras formas de hacer un mejor país y por otro, porque nosotros, los no sacrificados, no entendemos la verdadera expiación que sufren los jugadores.

Si nos exigiéramos lo que le exigimos a la selección seríamos un mejor país.

Aunque en principio podría parecernos como aplaudible la actitud de los futbolistas para criticar un evento que es, en efecto, reflejo de una situación coyuntural de violencia que afecta al país, los mensajes publicados por los mencionados nos dejan ver también una problemática que es por sí misma un gran tema de análisis, pues muestra los escollos y grandes problemas a los que el deporte nacional se enfrenta actualmente frente a una soberbia del futbolista, reflejo de su privilegiada situación mediática.

Lo preocupante del asunto, en este sentido, radica en que el lugar desde donde se enuncian tales aseveraciones, México, hace que las palabras de los futbolistas no sean una cosa menor ni un incidente aislado, sino reflejo de una preocupante y agravante situación de violencia en contra de los periodistas en el contexto nacional. Si los futbolistas quieren en verdad contribuir a un mejor México, a propósito de las palabras de Hernández, aceptar la crítica, tanto de aficionados como de periodistas, se hace tan necesario no sólo para el “mejorar” del futbol, sino para la realidad nacional. En un país en donde la violencia contra los informadores en una cuestión cotidiana, donde la censura se convierte cada vez en el lugar común predilecto, atacar tanto al aficionado que cuestiona como al periodismo, a la crítica, aún desde el futbol, supone ser aún más violento que criticar a un director técnico, cuya labor, en comparación a la de quien enuncia la crítica, es nula.

Por supuesto, bajo la misma lógica de dichos mensajes, podríamos cuestionar sus silencios no sólo respecto a las malas actuaciones dentro del esquema futbolístico, sino también a la violencia de su entrenador contra los árbitros en la última aparición de México en la Copa Confederaciones, o a la agresión de su anterior preparador, Miguel Herrera, hacia un periodista, así como a los centenares de trabas a los jugadores en la liga local, irregularidades, malinchismos, racismo, homofobia y demás problemas que el futbol mexicano enfrenta día con día.

No se trata de criticar a la Selección y sus procesos con el afán de generar cuestionamientos sin objeto o desviaciones de nuestros problemas cotidianos, como el propio Diego Reyes lo sugeriría en sus redes sociales a propósito de la situación: si cada uno se exigiera como le exigimos a la selección México sería un mejor país sino de criticar un medio que aún dentro del contexto de una difícil realidad económica, goza de privilegios inverosímiles y es así mismo, resultado de complejos problemas tanto ideológicos como pragmáticos a nivel nacional. Se trata de criticar un medio cuya decadencia es evidente no sólo por el pobre desempeño de la escuadra nacional, sino por su desconexión con la afición, y por lo tanto, con la realidad social. El futbol es parte también de la sociedad, este es reflejo directo de los problemas de los aconteceres diarios. En este sentido, contraria a las aseveraciones del defensor del Oporto, exigir a la selección supone también exigir para con un mejor país.

Por Eduardo Yescas