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Ser arquitecto y ser un “Nobel”

En cada ocasión que un latinoamericano gana un premio Nobel, es normal que todos los que compartimos ese peculiar rasgo (el de ser latinos) nos sintamos ganadores. Es por esa sangre caliente que nos caracteriza, que nos hace vivir la vida de una manera única, y que se ve reflejada en nuestra música, en el carácter, y sobre todo en el fútbol.

Creo que de alguna manera los latinos hemos encontrado, en el futbol, una manera de canalizar nuestra pasión. Así que no nos sorprenda que el Papa Francisco sea un loco fanático de San Lorenzo de Almagro; club de sus amores, o que el gran poeta chileno Neruda, fuera sorprendido en más de una vez en los estadios. Es también inolvidable “El Juramento” del García Márquez, una oda intelectual de fútbol.

Latinos culturalmente destacados y que sean amantes del fútbol los hay por montones, pero, ¿habrá arquitectos? Oscar Niemeyer es, me parece el estandarte de este tridente (Latinoamérica, arquitectura y fútbol) En varias entrevista Niemeyer manifestó su amor a la pelota (como buen brasileño) y su proyecto del museo de Pelé, confirma esa pasión. Pero regresando al Nobel, me he topado con un muro sólido, si es que quiero materializarlo en arquitectura, porque premio Nobel de arquitectura no existe, pero hay un arquitecto que lo ha ganado un Nobel, y para efectos de esta sección, queda como anillo al dedo: Adolfo Pérez Esquivel. Nació en Buenos Aires en 1931, defensor de los derechos humanos, y teólogo pacifista ganador del premio Nobel de la paz en 1980. Dentro de sus logros más importantes se encuentran: el ser el presidente del Consejo Honorario del Servicio Paz y Justicia América Latina, presidente de la Liga Internacional para los Derechos Humanos y Liberación de los Pueblos con sede en Milán, jurado Internacional del Premio de Derechos Humanos de Núremberg y Doctor Honoris Causa en más de una docena de universidades. Además de ser un prolífico escultor y pintor con exhibición internacional.

Su labor como arquitecto, y que lo sitúa en este texto en la sección de “arquitectura”, nos remonta a sus estudios; licenciado en bellas artes y doctor en arquitectura y urbanismo, ha sido docente por más de 25 años en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo en la Universidad Nacional de la Plata.

Su lugar en el fútbol, y que lo sitúa en Apuntes de Rabona, es que Adolfo es uno de los más enardecidos fanáticos de Independiente de Avellaneda, y en su juventud un centro delantero del potrero. Es curiosa la anécdota de su familia dividida por colores, su mujer, es seguidora de Boca, mientras su hijo de San Lorenzo; equipo al que le dio un mensaje de aliento y esperanza en una entrevista para la televisión.

Adolfo Pérez Esquivel ha escrito varios textos de fútbol, que combinan la política y la religión con el mundo de las patadas.

Un personaje que es sin duda un excelente abanderado de la causa de Apuntes de Rabona, y que ha logrado mezclar la arquitectura, la política, la escultura, la pintura y la teología con el deporte más bello del mundo.

“Algunos preguntan la razón de la existencia, porqué Dios no permitió que Messi meta un gol en la Copa América y la Argentina quedó descalificada. He ahí la razón metafísica del Ser o no Ser.
Dios le dio esta vez una mano a los uruguayos, a Forlán. Los argentinos protestaron y dijeron, “pero Dios es argentino y nos hizo perder”. Dios siguió jugando a los dados y les dijo: Queridos muchachos, “nadie es profeta en su tierra”- Amen”
– Adolfo Pérez Esquivel -

Por: José Bernal.